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Mblog 01 | Mi refugio es la lectura

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Mi historia empieza con un libro de texto de lengua española. O quizás, mi historia comienza con la eterna y palpable sensación de soledad que me ha acompañado toda mi vida. Joder, menuda forma de empezar este Mlog. Pero tengo la extraña sospecha de que este es un espacio seguro, un lugar donde contaros todo acerca de mi día a día literario sin tener que preocuparme porque una panda de fascistas estúpidos me juzguen con ligereza.

El caso es que nunca fui la niña más lista del mundo… ni la más guapa o popular. No sabía relacionarme con otras niñas e intentaba copiar sus gestos cuando llegué al colegio para intentar integrarme (así fue cómo cogí la terrible manía de morderme las uñas). Me sentía continuamente juzgada: por tonta, porque mi familia era mucho más pobre que la del resto, por insegura y por fea, por mi pelo de estropajo y por mi tendencia a reaccionar con violencia a cualquier insulto (ya fuera real o imaginario) de otra niña.

Me sentía completamente perdida en el mundo. Y entonces, de pronto, llegó a mi vida la literatura. Si al otro lado de esta pantalla hay otros introvertidos como yo, sabréis exactamente a qué me refiero cuando os hablo de la sensación de estar encerrada en una cena familiar o con amigos de la que no puedes escapar. No tienes ningún tema en conversación en común, a tu alrededor la gente solo suelta barbaridades machistas o brutas y a ti, simplemente, no te apetece pelearte con nadie.  

Cada segundo… oh, joder, cada maldito segundo que pasas ahí es doloroso. Levanta la piel, te recuerda todas tus inseguridades y de golpe el monstruo con forma de sombra que te ha acechado en tus pesadillas te susurra una y otra vez:

-¿Por qué no eres normal?

Tardé mucho en aprender a leer, pero cuando lo hice… ah, qué auténtica delicia. Descubrí que detrás de las mejores obras había otros autores incomprendidos, jodidos, incapaces de soportar un cumpleaños o una cena sin ponerse nerviosos. Autores como Ernest Hemingway que bebía para escribir, como J.K. Rowling que se paseaba por las calles de madrugada con 12 rechazos de las editoriales para publicar su novela. Descubrí que Murakami de simpático tiene poco, que hay autores perseguidos y amenazados de muerte por contar sus verdades y que hay otros que buscan romper con toda la sociedad.

Recuerdo poder saborear las galletas de mantequilla de Los siete secretos en el árbol mágico, soñar con correr con Jorgina por los acantilados y luego, en el futuro, sentir el terrible pavor que El viejo y el mar me inspiraron por las profundidades del oceáno. Viajar, viajar sin estrés, sin billetes, sin apresurar las lecturas. Que cada página tiene algo que contar y que transmitir, que cada historia es de ella misma y no del escritor que se prestó como medio para hacerlo real.

Y entonces, empecé a sacar el libro en los eventos sociales. Al principio a la gente le molestaba: “¿por qué vienes si no pretendes hablar con nosotros?”, pero para mí era una cuestión de optimizar situaciones: podía unirme a las conversaciones interesantes y desaparecer de las otras.  

¿Acaso soy la única del mundo que hace esto? ¿No hay nadie ahí fuera cuya sensación al desaparecer leyendo y rodeada de gente con la que no sabes hablar no le reconforta un poco?


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