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NOTA: 85

Hijas del norte, opinión de una novela fría y ácida que no te debes perder

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Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo....


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Hijas del norte es una brillante novela de Sarah Hall ambientada en una distopía sombría. En este mundo decrépito y decadente, el gobierno de Inglaterra ha cerrado las ciudades, impidiendo el libre tránsito de los ciudadanos y ha tomado una drástica decisión para impedir el crecimiento de la población: la esterilización obligatoria de todas las mujeres. 

Hijas del norte es una ácida y al mismo tiempo fascinante sorpresa que publica Alianza Editorial. Su autora, Sarah Hall, es una de las jóvenes novelistas más premiadas del Reino Unido. Ganadora del premio Pórtico dos veces, es también la ganadora de otros certámenes enormemente prestigiosos como el Premio Betty Trask, el Premio Commonwealth, el Premio BBC para relatos, el Premio John Llewellyn Rhys, el Premio E. M. Forster, etc. 

Argumento de Hijas del Norte 

En una Inglaterra futura, donde la escasez del petróleo ha generado una guerra a gran escala y en la que el conocido imperio británico no es ahora más que una colonia, la vida en las ciudades se ha vuelto insoportable. La gente, censada en un estricto documento, ha sido reubicada en casas compartidas y trabajos absurdos en el interior de fábricas y refinerías. Toda la comida que les llega viene en forma de latas y, para evitar que la población se descontrole, las mujeres son esterilizadas de forma obligatoria y cacheadas por las calles.

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Con estas terribles restricciones, una joven toma una decisión imprudente. Desentierra el fusil de su abuelo, se arma con una mochila y una noche cualquiera, se fuga en dirección a las montañas, decidida a recorrer los 70Km que la separan de Carhullan, una granja que ha permanecido fuera del sistema. No sabe lo que se encontrará al otro lado, ni si será bien recibida, pero la idea de ser libre acompañada de un grupo de mujeres es lo único que le queda. Y hará lo que sea necesario para demostrar que es digna de vivir a su lado.

Un setting espléndido, una novela hecha para perdurar 

Hijas del norte es, como bien os habíamos dicho al comienzo de la reseña, una novela ácida y cruel que te transmite el olor a grasa de la refinería y al frío escocés más cruel. Ambientada en Cumbria, la obra es en realidad la historia de autosuperación y el viaje personal que realiza Hermana, la protagonista, desde que se escapa de su ciudad y abandona a su marido Andrew hasta que encuentra su lugar en Carhullan. 

Lejos de centrarse en la represión política y el control total sobre la información como hacía 1984 o en crear un mundo en el que la represión policial se centre únicamente en las mujeres como en El cuento de la criada, el universo creado por Sarah Hall es frío y sombrío, carente de cualquier tipo de esperanza y poblado por las mentiras con las que los políticos pretenden evitar un motín a toda costa. Y sin embargo, solo una pequeña parte de la trama sucede en el interior de estas terribles ciudades y veremos realmente poco de la cadena de trabajo, de los cupones de racionamiento o de las limitaciones de tránsito de las que nos habla Hermana.

El olor a bacterias de la refinería y las plantas de fuel se dispersaba por la noche cuando las nubes se disipaban y aflojaba el calor. Los últimos años, desde la Reorganización Civil, el bochorno había durado más de lo normal; los meses fríos se concentraban en una franja más estrecha del calendario, y vivíamos envueltos continuamente en una nube tóxica de colza y arenas bituminosas, hacinados como peces en un ahumadero.

Como hemos dicho, la novela en realidad trata sobre la capacidad de un grupo de mujeres de montar una comunidad solo para ellas y sobrevivir a través de su ingenio, empleando técnicas agrícolas olvidadas y creando una sociedad utópica y al mismo no exenta de errores y conflictos que demuestra que otro tipo de vida sí que es posible. 

Lamentablemente, una de las cosas que la gente que la ha leído ha usado para hablar de Hijas del norte es la comparación con El cuento de la criada cuando, tal y como dijimos antes, ambas novelas tienen poco que ver e infligen el peso dramático de la trama en temas completamente diferentes. Y es que Hijas del norte no pone el centro de interés y peso de la novela en la caída de la sociedad y la pérdida de los derechos civiles, sino precisamente en el viaje de autoconocimiento y exploración que realizará una mujer de 30 años que decide emprender un viaje por encima de sus fuerzas y posibilidades en busca de un lugar mejor donde vivir. 

En el interior de Carhullan, cuya posición elevada en lo alto de una montaña inalcanzable funciona maravillosamente como metáfora para el ascenso espiritual y emocional de Hermana y para lo que simboliza, reina una armonía basada en el trabajo, en las segundas oportunidades y en un sistema de méritos. Para curarse de las enfermedades modernas (desesperanza, apatía, depresión…), en la granja deberás demostrar que eres digna de pertenecer a esa sociedad. En ese sentido, el orden de Jackie es marcial, cruel y al mismo tiempo realmente efectivo para reintegrar en la sociedad a asesinas, drogadictas, toxicómanas y otra serie de mujeres a las que cualquiera hubiera dado por perdidas y que, bajo un férreo horario de trabajo, higiene y ejercicios de corte marcial, florecen en lo alto del campo. 

Desde sus comienzos, la granja se cierra alrededor de sí misma con Jackie y Veronique. Es fascinante ver cómo Hermana, en su ascenso por la montaña, va preparando al lector sobre lo que se encontrará al otro lado al igual que alguien que se entrena con un propósito piensa continuamente en el resultado de su gran esfuerzo. En estos recuerdos veremos cómo los periódicos y las entrevistas tildaban a la granja de una secta religiosa o una comuna militar peligrosa donde las mujeres estaban desquiciadas. Es fácil comparar estos calificativos a la histeria con la cual se diagnosticaba a las mujeres capaces de pensar por sí mismas o que se salían del molde masculino creados para ellas. 

Sobre la granja y sus integrantes

A pesar de lo comentado anteriormente, la granja no es un lugar utópico idílicos para vivir carente de conflictos. Es evidente que las mujeres tienen viejas rencillas y conflictos que salen a la luz cuanto más las vas conociendo. Continuamente tendrás la impresión de que el colectivo de Carhullan es altamente intolerante y muy incompatible con los modelos feministas modernos que hablan de la igualdad. Las políticas de Jackie dejan claro que los hombres (incluyendo los que viven en una aldea relativamente próxima, algunos de los cuales son parejas o maridos de mujeres de Carhullan) no son bienvenidos en el terreno de su granja y aunque a las mujeres se les permite concebir, si tu hijo es un varón tendrás que abandonarlo antes de que cumpla los 12 años. 

A pesar de ello, es fascinante ver cómo a pesar de que algunas mujeres están casadas y tienen libertad de tránsito, siempre optan por mantenerse fieles a Carhullan con un fervor religioso que las empuja a trabajar en la misma dirección. 

En ese sentido queda patente la diferencia entre la gestión de las mujeres y la de los hombres. Una tiene fuertes lazos ideológicos y disciplina militar, lo cual les garantiza un objetivo en común a las mujeres que se traduce en ciertas comodidades y una sensación generalizada de triunfo. Sin embargo, la aldea de los hombres se basa simplemente en la más pura supervivencia y su falta de disciplina, organización y un líder definido da como resultado la desnutrición generalizada entre todos ellos, falta de electricidad y una pobre higiene. En ese sentido, Sarah Hall da un golpe sobre la mesa con este testimonio, demostrando que las sociedades gobernadas por mujeres pueden ser más competentes que las de sus compañeros masculinos. 

En el interior de Carhullan conoceremos también a otros personajes fascinantes como la propia Megan: una niña que se ha criado en una sociedad no heteropatriarcal, de forma que en ningún momento ha tenido que sentirse subestimada simplemente por su género. Megan se presenta como una joven extremadamente segura de sí misma y con confianza a la cual no han condicionado para odiar ni a los hombres ni las sociedades externas. Y esto nos hace preguntarnos… ¿hace falta aislarnos en una montaña para tener la oportunidad de que nuestras hijas crezcan libres? 

La importancia de un nombre. La Autoridad, ente invisible como el machismo. 

Nunca había sido expuesta a una situación de inferioridad, crueldad o dominio masculino. Era, en cierto modo, una mujer idealizada.

Conforme vas sabiendo más acerca del pasado de la protagonista se va haciendo más evidente que para la joven que se fugó con 31 años de la ciudad de Cumbria su identidad importa bien poco. Desde la primera línea realiza una declaración de intenciones en la que deja muy claro que se llama Hermana. Es decir, parte de una familia sin nombre propio ni mucho menos un sello distintivo. 

Y es que las palabras y los nombres son importantes en Hijas del norte. Una de las reglas de Carhullan es que todos sus integrantes tienen que ganarse el hecho de recuperar su nombre, generando la sensación en ellas de que no son más que una pieza de la comunidad. Este proceso de vaciado de identidad comienza con la protagonista en el momento en el que pasa tres días dentro de una perrera metálica encerrada. Tras su despertar, se siente como si hubiese renacido o, más exactamente, como si hubiese tenido que suicidarse para poder ser parte de su nueva familia. Conforme va pasando el tiempo, Hermana se va desdibujando por completo y acaba redefiniendo no solamente su propia orientación sexual (ya que hasta el principio de la obra era heterosexual pero después empieza una relación sentimental con Shruti y por la cual afirma sentir mucho más amor que por su antiguo marido Andrew) sino también sus propios límites éticos, físicos y morales.

Al mismo tiempo, al igual que hacía Ian Watson en Orgasmaton a la hora de hablar de MACHO, en esta obra realmente no utilizan una palabra tan manida y común como el gobierno para infundir miedo en los ciudadanos, sino que en lugar de ello usa la palabra Autoridad con mayúscula. Una autoridad que simboliza realmente un concepto mucho mayor: la idea del sometimiento y de la humillación, la imposición de ser una buena chica o ser reducida a un vientre capaz de procrear por orden masculina o el hecho de ceder tus derechos básicos a cambio de cierta paz y de cierta tranquilidad. Esta Autoridad representa el machismo que vivimos todas en nuestro día a día o incluso la ascensión del fanatismo político e ideológico en el que muy a menudo la gente decide callar y no entrometerse simplemente para no arremeter contra extremismos que son difíciles de combatir. Jackie precisamente nos hace una reflexión acerca de nuestra postura en los cambios que está viviendo el mundo: cuando le pregunta a Hermana porque permitió que le pusieran a la fuerza un DIU y por qué dejó que vulneran sus derechos humanos desde el principio, la autora lo que está haciendo es preguntarnos a todas nosotras por qué permitimos ciertas cosas. Y la vergüenza y la humillación que siente la propia protagonista al ser víctima de este interrogatorio es la misma que siente la lectora al darse cuenta de que ella también permitió muchas cosas sin luchar por ellas ni por sus derechos.

Mi opinión sobre Hijas del Norte 

El comiendo de Hijas del norte es duro. SArah Hall. Sarah Hall no economiza los adjetivos ni las descripciones de los escenarios y del setting que propone y mucho menos acelera la acción. Durante las primeras cien páginas, la autora se toma su tiempo no para contextualizar el declive político o cómo vivieron personalmente Andrew y Hermana lo que sucedió, sino para generar en el lector la sensación de frío, decadencia y desamparo que se vive en Cumbria y en el resto de Inglaterra. Esto genera un arranque lento y anquilosado que no facilita del todo la lectura pero que sirve perfectamente a su propósito. El momento en que lleguemos a Carhullan la acción se volverá de pronto ágil como la mente de la propia Hermana. Los personajes se suceden con violencia y fraternidad, los páramos se vuelven entornos idílicos y de pronto los inconvenientes de vivir lejos de la civilización aparentan ser auténticas minucias.  

Y es que Hijas del Norte no puede ser más recomendable ni más maravilloso de leer. Detrás de su aparente mensaje ecologista hay profundas reflexiones políticas, historias de miedo y liberación, un mensaje al llamamiento a la acción y al mismo tiempo la gran incógnita con la que te dejará al final la obra. 

¿Y si Jackie se equivocaba? 


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La Insomne

Jefa de redacción y fundadora de Momoko.es

Escritora consumada, concept artist en ciernes y adicta al trabajo. Doy clase de diseño, subo vídeos a Youtube, trabajo de jefa de proyectos en @pululart y escribo artículos para @mundogamers y @gameit_es. Momoko es mi pequeño proyecto y lo quiero con todo mi corazón.


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LIBRO

8.5

Portada libro - Hijas del norte
Sarah Hall, Catalina Martínez MuñozFicciónAlianza Editorial
<p>El estado de la nación ha cambiado. Con la mayoría del país inundado, los recursos controlados por el gobierno, y guerras en curso en Sudamérica y en China, Inglaterra está irreconocible. En este mundo de precariedad y extenuante trabajo industrial, la Autoridad insiste en que todas las mujeres lleven dispositivos de contracepción. Hermana nos cuenta su historia desde su celda: cómo soñó con...
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