Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas, análisis
Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas, análisis

Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas, análisis

Año de publicación: 1968
Número de páginas: 272
Editorial: Minotauro
8

Novela en la que se basó Blade Runner.
Rick Deckard es un agente de policía que ha perdido por completo las ganas de vivir. En el planeta Tierra prácticamente no queda vegetación y su máxima aspiración es poder comprarse de una vez por todas un animal biológico que eleve su estatus frente a sus vecinos. Sin embargo su vida se complica cuando le dan como misión la búsqueda y destrucción de una serie de robots tan parecidos a los humanos que han desarrollado sus propios sentimientos.

¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? es la novela en la que se basó Ridley Scott para su ambicioso proyecto: Blade Runner.

Blade Runner, la película de 1982 dirigida por Ridley Scott y que acabó convirtiéndose en cine de culto, es  sin embargo un leve reflejo de todo lo que nos plantea uno de los padres de la ciencia ficción en su obra.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?  establece en un primer lugar la controversia de Matrix, el miedo a que el mundo que conocemos no exista y a que todos seamos máquinas con recuerdos falsos implementados.

La novela te genera tal duda que hace que no puedas confiar ni siquiera en el protagonista debido a su cercanía y a su conexión con los propios androides, seres que se nos presentan como máquinas sin corazón ni escrúpulos desde un primer momento.

Sobre el autor

Sueñan los Androides con Ovejas EléctricasPero hablemos primero un poco del autor, ya que fue parte de su increíble y fantasiosa vida la que impulsó la fama de la novela y posteriormente, su conversión a un largometraje. Philip K. Dick proviene de una familia disfuncional. Su madre dejó morir a su hermana siendo sólo un bebé debido simplemente a no ocuparse de ella. La extrema inteligencia de Dick acompañada de un pésimo cuidado por parte de su madre agravaron sus tendencias a sufrir psicopatías. Estudiaba en casa, ya que padecía agorafobia y no quería acudir al colegio. A los catorce años acudió al psiquiatra pero rápidamente descubrió los patrones de las preguntas que le hacían y empezó a manipular las respuestas a su antojo.

No aguantó la universidad más de dos meses, tuvo varios matrimonios fallidos y además era conocido por su pasión por las anfetaminas, estado bajo el cual escribía como medio para ganarse la vida. Las drogas agravaron su condición esquizofrénica y paranoide. Estaba convencido de que su mente había sido invadida por tecnología extrataterreste o que el FBI había hecho un complot para asesinarlo. Sus dos intentos de suicidio le llevaron a una clínica de desintoxicación en la que estuvo recluido largas temporadas de su vida.

Dick escribía para ganarse la vida, pero la mayor parte del tiempo se encontraba terriblemente endeudado. Nadie parecía tomarle en serio en el panorama estadounidense de la literatura de ciencia ficción. Sin embargo, los franceses vieron en él algo nuevo, refrescante y diferente e impulsaron sus obras, además de invitarle a dar una conferencia (en la cual afirmó ser el reencarnado de Jesucristo y tener el superpoder de alejar a las pulgas). Entre locuras varias, Dick acabó siendo conocido como uno de los padres de la ciencia ficción, y eso que él mismo afirmaba que “canibalizaba” los argumentos de las obras que escribía. En el caso de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? todo parece indicar que se trata de documentación previa para otra de sus obras “El Hombre del Castillo”.

Otra fuente de inspiración para él fueron los nazis y los japoneses en la II Guerra Mundial. Conocidos como máquinas de matar, Dick se sorprendió sobre cómo los seres humanos podemos pasarnos años de nuestra vida llorando y temiendo la creación de inteligencias artificiales que nos destruyan por ser incapaces de sentir empatía humana, cuando había miles de hombres que no empatizaban en absoluto. Los asesinatos a sangre fría de miles y miles de prisioneros chinos por parte de los japoneses o incluso los métodos matemáticamente calculados y probados a fuerza de ensayo y error de los nazis para erradicar a los judíos le daban a entender que la empatía no estaba presente del todo en el corazón de muchos seres humanos.

Hay algo en nosotros de humanoides, morfológicamente idéntico al ser humano, pero que no es humano. No es humano quejarse, como un miembro de las SS hace en su diario, de que los gritos de los niños hambrientos de los campos de concentración no le dejan dormir. De ahí mi idea de que en nuestra especie hay una bifurcación, una dicotomía entre lo que es humano realmente y lo que sólo imita lo que es humano realmente”.

Philip K. Dick | 1983

 

Sobre la obra

En un Planeta Tierra muerto tras una terrible guerra química, los pocos supervivientes que no han emigrado a Marte viven sus vidas tratando de salir adelante según cómo dicta el mercerismo. Allí todos son seguidores de Mercer: un profeta que al parecer demuestra las diferencias entre los similares androides y los humanos a través del concepto de la empatía. Todos los humanos deben de tener un animal doméstico al que cuidan y veneran para demostrarle al resto de la sociedad terrestre lo inmensamente humanos que son. Ha llegado hasta tal punto que si no tienes un animal que cuidar, el resto te considera un paria o un cabeza-hueca. Empresas progresan en el mercado negro creando réplicas exactas de animales mecánicos que sin embargo parecen reales. 

Rick Deckard es un policía de Sydney. Él se encarga de retirar androides que, aprovechándose de su similitud con los humanos y su cerebro desarrollado, vuelven a la tierra e impersonan sus identidades. Al ser máquinas, por muy parecidos que sean a los humanos, no producen ningún cargo de conciencia en Rick, el cual sólo piensa en la recompensa que obtendrá y en qué animal comprar para reemplazar a su oveja eléctrica, que se ha estropeado.

Un día, Rick recibe el encargo de investigar y retirar a 6 sospechosos de ser androides. Sin embargo, antes tendrá que probar que el único test existente para ello, el Voigt- Kampf es perfectamente fiable. Y para ello, comienza haciéndole un test a un sujeto muy particular que pondrá su vida patas arriba.

 

¡CUIDADO! ¡SPOILERS!

Lo interesante de este universo es cómo desde el principio, Irán, la mujer de Rick, se plantea la empatía hacia los androides (y ahora te vas a matar a esos pobres androides) mientras que Rick no llega a plantearse este problema hasta más adelante (y este siempre va íntimam

Conviven en una sociedad absurda, buscando la aguja en el pajar o la reacción débil en el ojo de su vecino por si es un androide, cuando en realidad perviven viendo 23 horas continuas de programas de televisión del “Amistoso Búster” y sus colaboradores, sin pararse a pensar en ningún momento cómo es posible que estos sobrevivan emitiendo sin interrupciones durante tanto tiempo.

La pregunta sobre si Rick es un androide se te plantea continuamente en la obra. Rachael le pregunta si él se ha hecho la prueba de Voigt-Kampf, y cuando este contesta que sí, que en cuanto entró en el departamento de policía, y que sus superiores tenían los resultados de las pruebas, te hace plantearte, como un paranoico, si no es posible que sus superiores SEPAN a fé cierta que es un androide con recuerdos implantados pero decidan dejarle vivir un engaño. A fin de cuentas, varias veces en la novela se dice que hace falta un androide para encontrar a otro y que no habría mejor cazarecompensas que los propios androides. 

De hecho, en ese momento que recuerda un poco a un sueño surrealista en el que Rick se encuentra en un departamento de policía lleno de androides, falso, operando en una línea paralela con el real, con teléfonos pinchados, te hace darte cuenta de lo poco que bastaría para que toda la realidad que nos ha presentado Deckard fuera completamente falsa y carente de sentido.

Lo que realmente te deja congelado en el sitio, después de que se demuestre que Mercer es un androide, que Buster lo era (lo cual quedaba bastante claro desde el principio) es el hecho de que por un momento, mientras te estás planteando si Rick puede ser un androide, teniendo esos sueños, deseos y desvelos por conseguir un animal, por un instante te replanteas el título.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Y entonces te das cuenta de que sí. De que lo hacen.

Y de que con un simple título, te estaba revelando el final. 

 

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