El peso específico del amor, reseña de una novela que no es lo que tú crees
El peso específico del amor, reseña de una novela que no es lo que tú crees

El peso específico del amor, reseña de una novela que no es lo que tú crees

Año de publicación: 2017
Número de páginas: 384
Editorial: Umbriel
8

El peso específico del amor nos introduce en la vida de Francesca. Francesca trabaja como editora para un jefe que la extorsiona y no la valora, donde continuamente se siente manipulada por él y sus compañeras. Sin embargo, cuando vuelve a casa tampoco encuentra la paz: su madre está ingresada por un intento de suicidio y ella no sabe cómo decirle a su perfecto novio, que ya no le quiere.

El peso específico del amor no es una novela de romance. No es ni siquiera una novela de dos enamorados: es la historia propia de la humanidad, de los seres humanos en el día a día, contada de una forma descarnada y sin máscaras por parte de Federica Bosco.

Sobre Federica Bosco, autora de El peso específico del amor

Federica Bosco es una autora italiana famosa por sus libros de romance y sus manuales de supervivencia para mujeres jóvenes. Con su obra 101 modos de olvidar a tu ex… y encontrar a otro enseguida se ganó el corazón del público italiano. Además de El peso específico del amor ha publidado otras obras como Mi piaci da moriré, L’amore non fa per me y L’amore mi perseguita

Argumento de El peso específico del amor

Francesca es una mujer que tiene insomnio. Cada noche como un reloj se levanta en plena madrugada, se mete en la cocina y prepara complejísimas recetas de tartas y pasteles como las que solía hacer su madre antes de caer en una depresión. Hora tras hora, contempla cómo la masa de los bollos se va hinchando para, finalmente, acabar tirando el pastel resultante. Porque sabe que si lo prueba se dará cuenta de que no está tan bueno, de que los dulces de su pasado sabían mejor.

Y es que Francesca es una mujer que se siente atrapada en una vida que no quiere. Una vida junto a su novio Edoardo, un hombre maravilloso con el que lleva 6 años saliendo pero al que no quiere en absoluto. Él no tiene ningún defecto, y de hecho la adora con toda su alma, y precisamente por eso Francesca se culpa, segundo a segundo, mientras se marcha cada mañana a trabajar en Ediciones Bigazzi. Allí, Fran se ha refugiado en la rutina: en trabajar incansablemente para un jefe que les grita como un animal y que menosprecia su trabajo, en leer uno tras otro manuscritos y libros como editora que es buscando el prometido ascenso a jefe de edición.

Pero las cosas cambiarán para siempre cuando Bigazzi, su jefe, decide ponerle un reto imposible. Fran tendrá que obligar al irresponsable y egocéntrico autor de best-sellers Calamandrei con la esperanza de que este gane el famoso premio Strega. Y conforme pasan los días, Francesca ve cómo la situación se vuelve más y más insostenible cuando los problemas se acumulan y la falta de sueño y esperanzas empiezan a pasarle factura.

Análisis de El peso específico del amor

Antes hemos dicho que El peso específico del amor NO ES UNA HISTORIA DE AMOR. Dejadnos que lo recalquemos de nuevo. Y es que El peso Específico del amor es una de las primeras novelas que tenemos la suerte de leer que tratan el tema del amor, los enamoramientos, las parejas y el futuro en común desde una perspectiva puramente práctica, real y sin los artificios de los que pecan muchas editoriales. Es imposible que nos posicionemos del lado de Francesca, la protagonista que nos habla en primera persona, y que odiemos encarnecidamente a ese hombre que no la hace feliz porque Edoardo es simplemente un amor. El tipo de chico del que hablan las publicaciones virales de Facebook: que te espera con tu comida favorita en casa y que no quiere pasar ni un minuto de su vida sin ti.

Mi vida se reduce a eso: sentirme un monstruo constantemente. Un monstruo torpe e inepto.

A pesar de ello, Francesca es sumamente infeliz. Algo falla en su relación y a lo largo de las páginas va haciendo un pormenorizado análisis interior de qué es lo que no funciona, de quién es la culpa (en esa maravillosa virtud femenina que tenemos algunas mujeres de sentirnos culpables de todas las desgracias que nos rodean) y sobre todo por qué no puede quererle de nuevo. 

Al mismo tiempo, su reacción de volcarse sobre su trabajo, en un intento desesperado de ahogar todas las preocupaciones y los quebraderos de cabeza que está teniendo es sin duda una respuesta realmente realista que por momentos nos asusta por su parecido con la realidad. Francesca se conforma con un trabajo en el que no la valoran, una relación que no le hace crecer y una vida instatisfactoria porque siente que no merece nada más. 

Y sobre todo le va bien que esté yo.
Basta con que esté ahí con él.
Siempre.
Y eso me destroza. Siento que he caído en una trampa.
La trampa del hombre perfecto.

Al mismo tiempo, la novela trata las relaciones realistas y terribles que tiene su mejor amiga, Paola, cuyo ex-marido ha empezado a acosarla hasta el punto de convertirse en un maltratador y de Alessandro, un compañero de trabajo que es incapaz de superar que su ex le fuera infiel. El tema del maltrato a la mujer se trata de una forma sublime, mostrando cómo este empieza primero con pequeñas señales como las llamadas a las 3 de la mañana o las cartas de acoso en las que le suplica o le amenaza con volver con él. En esos momentos, Paola, una mujer tan fuerte que no permite que nadie la avasalle, se hace la pregunta que todas las mujeres maltratadas se han hecho en algún momento de su vida: “me resulta difícil creer que una persona que me quería tanto ahora quiere hacerme tanto daño”.

Es fácil verse identificada en la vida de Francesca y de Paola, ambos personajes que una no olvida cuando ha pasado una semana tras la lectura, con una personalidad magnífica, perfectamente construida y, simplemente, brillante. Especialmente ilustrativo es la construcción de personajes tan opuestos como puede ser Bigazzi y, sobre todo, Calamandrei. Calamandrei es el perfecto don Juán. Calamandrei y Federica Bosco son capaces de ilustrar de pies a cabeza a un personaje sorprendente, egoísta y cruel que, sin entrar en detalles, es capaz de asombrarnos desde el principio hasta el final.

El trabajo editorial de Francesca está perfectamente descrito. Y algo que sin lugar a dudas nos ha sorprendido es el hecho de cómo ilustra el nuevo modelo editorial en alza: libros baratos, impresos bajo demanda, sin corrección de ningún tipo más que la del propio corrector de Word y publicados a toda velocidad y con poca cobertura para cubrir gastos, sin apostar por los autores. Al mismo tiempo, trata el ego de los escritores de una forma realmente sublime, como no hemos visto hasta la fecha.

Como si las palabras “escritor” y “fácil” pudieran convivir en la misma frase. Todos creen que van a salvar el mundo con su novela, que lo que escriben es algo sin precedentes. No van a una presentación si no les garantizas que habrá por lo menos cien personas en la sala. Si les reservas un hotel con media estrellas menos que otro amenazan con dejarte plantada una hora antes de la entrevista con Fazio. Te llaman indignados porque la librería de un pueblo perdido en la montada donde están de vacaciones no tiene su obra inigualable en el escaparate.
Pero luego sufren desesperadamente por una reseña negativa, te piden que los aconsejes y los tranquilices, temen no ser lo bastante buenos, sienten muchos celos de sus colegas y, al final, siempre te mencionan en los agradecimientos.
La fragilidad de los autores solo es comparable a la medida de su ego.
Inmensa.

Opinión de El peso específico del amor

Dice el principio de la osteopatía que lo que no se mueve se anquilosa, se pudre y pierde su eficiencia. Y nosotras creemos que es un buen ejemplo para describir lo que ha pasado en la vida de Francesca: una mujer competente, fuerte e inteligente que se ve superada por las circunstancias de la vida: su trabajo es extenuante y ni siquiera está valorado; su madre está ingresada con una depresión y su tía Rita no le permite verla y, en general, toda su vida y la de la gente que le rodea se desmorona sin remisión. En ese momento, al comienzo de la novela, Francesca nos da las claves de lo que Edoardo tendría que hacer para retenerla y encender de nuevo su amor: tomar decisiones.

Tomar decisiones, buenas o malas, pero hacer algo que aligere un poco el peso y la presión que tiene esta. Francesca necesita que Edoardo se plante frente a la Tía Rita, que le diga a Francesca que busque un trabajo donde la valoren o incluso que le ofrezca a Paola su piso como lugar de protección. Y el caso es que él es incapaz de hacer ninguna de esas cosas. ¿Acaso eso es el amor? No. 

El amor sólo es una ilusión óptica.
Crees ver cosas.
Preciosas, excepcionales, cosas únicas.
Auroras boreales, unicornios, arco iris.
Pero cuando te acercas y alargas la mano, te das cuenta de que ésta pasa a través de ellas.”

Dejando de lado que es una novela increíble, con un ritmo que oscila perfectamente entre los momentos ligeros y la reflexión y que consigue atraparte en su atmósfera, El peso específico del amor se atreve a profundizar en el amor de una forma nueva, sorprendente y sin duda, osada. Francesca somos todas: las que intentamos que en casa las cosas no se desmoronen, las que trabajamos horas y horas para un jefe que no valora nuestros esfuerzos, las que nos sentimos impotentes ante las desgracias de nuestros seres queridos. Si alguna vez has descubierto que no puedes dormir por la noche, pensando en todo lo que se sostiene con pinzas, entonces entenderás a qué nos referimos.

El peso específico del amor no es un libro amable, pero sí necesario. Apasionado, fuerte, desgarrador por momentos, es una obra que sin lugar a dudas deberías tener en tu biblioteca y leer con calma. Porque desprende el olor de los pasteles preparados de madrugada, porque te pringas las manos de harina y lágrimas con la protagonista. Y sobre todo, porque al final, cuando ya veías el desenlace más evidente, es capaz de sorprenderte. 

Hablemos del final de El peso específico del amor (SPOILER INSIDE)

Era evidente que Francesca acabaría con Calamandrei, le enseñaría lo que era el amor de verdad y todo terminaría bien. ¿Verdad?

Pues no. Federica es capaz de sorprendernos una última vez tras el ataque de fogosidad entre Calamandrei y nuestra protagonista. Cuando las cosas por fin parece que le van bien, cuando Calamandrei ha demostrado que es capaz de ser adulto, maduro y de tener detalles románticos, de pronto, sin previo aviso, no le devuelve las llamadas a Francesca. Y eso nos duele como si nos lo hubiera hecho a nosotras mismas. Nos duele que no conteste al teléfono, no devuelva los mensajes y, simplemente, desaparezca de escena.

Cuando Bigazzi le grita como un loco que Calamandrei se niega a trabajar con Francesca, el dolor de su puñalada nos llega a nosotras, sentadas en el sofá de nuestra casa, gritando indignadas por ese comportamiento de don Juán asqueroso y repulsivo. Y eso es lo que hace brillante al personaje de Calamandrei: él nos avisa desde la primera página de la clase de hombre que es, pero Federica consigue engañarnos, sumergirnos tanto en el engaño del escritor y volvernos tan necesitadas de amor, de algo positivo en la vida de Francesca, que nosotras también le creemos.  La jugarreta que este le provoca incluso al pobre autor triste, es ya la gota que colma el vaso. Y hace que nos preguntemos…

¿No existe justicia en este mundo?

La respuesta, como en cualquier obra de romance, es siempre positiva. Si el libro hubiera terminado con Francesca y Calamandrei como pareja y este reformado de sus terribles manías, entonces El peso específico del amor habría sido una obra del montón. Pero lo cierto es que no es así. Al hacer que Francesca, Paola y Alessandro monten su propia cafetería-editorial consigues la reafirmación del individuo por encima de ese burdo y anticuado concepto de que sin amor no serás feliz. Por fin a Francesca le va bien y se siente realizada en algo que hace, para variar, ella sola, obteniendo el mérito que se merece tras años de ser infravalorada por el mundo.

El nuevo novio que consigue es solo el plus en una obra de romance que tenéis que leer.

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