Perdida en la estación, de Laura Ruiz Urbán. Reseña
Perdida en la estación, de Laura Ruiz Urbán. Reseña

Perdida en la estación, de Laura Ruiz Urbán. Reseña

Año de publicación:
Número de páginas: 153
Editorial:
8

Perdida en la estación es una historial inolvidable, de esas que te atrapa desde las primeras páginas. Una historia bonita y cruda a la vez, ya que el tema de los malos tratos de una familia hacia su hija son el punto de partida de una maravillosa historia y novela de amor.

Perdida en la estación es uno de los últimos libros que hemos leído en Momoko. Laura Ruíz Urbán, trabajadora social con un máster en Servicios Sociocomunitarios, se inicia en la escritura con esta novela sobre malos tratos. Laura ha tenido experiencia trabajando con mujeres y adolescentes víctimas de malos tratos y de esas historias surge esta novela.

 

Perdida en la estación cuenta la historia de Sara, una chica de 16 años que vive acostumbrada a la violencia. Gritos, insultos e incluso marcas en el cuerpo de su madre forman parte de su vida diaria. Hasta que un día, tras una fuerte discusión de sus padres, sale corriendo de su casa. Huyendo de su hogar desestructurado y violento, Sara busca un refugio. Termina pasando unos días en la estación de tren de un pueblo cercano, donde conoce a Dani. Universitario, amable y atento, se convierte en el salvavidas de Sara y en su primer amor. Dani le acompañará, en la distancia, durante los altibajos de su vida.

A través del relato en primera persona de Sara nos vamos adentrando en el cruento mundo de los malos tratos. Un duro relato mostrado a través de los ojos de una adolescente que encuentra la normalidad en la violencia doméstica. 

Aunque el inicio del libro tiene un ritmo un poco atropellado y acelerado, pronto se adecua y se convierte en una narración fluida y detallada de la vida de Sara. En cuanto comienzas la lectura, te sientes arrastrado por la historia y la necesidad de saber cómo termina te empuja a devorarlo. A lo largo de la novela se nos presentan algunos datos interesantes sobre cómo actúan los servicios sociales en estos casos. La ayuda que ofrecen, las personas con las que contactan, las medidas que adoptan o las opciones que ofrecen. Resulta muy interesante conocer parte de estos mecanismos, sobre todo porque la intención de la escritora es visibilizar los malos tratos para poder actuar ante ellos. En el caso de Sara, es su entorno escolar el que da la primera alerta. Una de sus compañeras, al no verla en clase, alerta al centro.

 

Un duro relato mostrado a través de los ojos de una adolescente que encuentra la normalidad en la violencia doméstica. 

 

La novela está escrita como un cuaderno en el que Sara se desahoga y cuenta su historia para liberarse. El tema central de la novela son los malos tratos, pero no es lo único que le pasa a Sara. En sus páginas, recoge sus miedos, sus sueños, sus preocupaciones. Como toda adolescente, Sara va al instituto. Pero, a diferencia de sus compañeros, va atrasada en los estudios porque las continuas riñas en casa le impiden estudiar. Incluso falta a clase en alguna ocasión por cuidar de su madre. En cuanto a los chicos, Sara no muestra un excesivo interés en ellos hasta que conoce a Dani. Dani me parece uno de los personajes más importantes de la novela. Aunque es muy lento el proceso de presentación, es clave para la historia su presencia y su relación con Sara.

En general, la presentación de los principales personas es muy lenta. Sara va hablando de ellos poco a poco. Tardamos mucho en conocer la historia completa de sus padres, incluso desconocemos sus nombres hasta la mitad de la novela.

El tono de la novela es serio y el estilo directo, pero informal al estar en voz de una adolescente. En algunas ocasiones, sin embargo, se hace necesaria una pequeña ampliación de vocabulario, porque resulta excesivamente juvenil para un adulto.

Personalmente, la novela me ha parecido apasionante y en cierto punto inspiradora. Consigue abrirte los ojos a un problema social que ha estado acallado durante mucho tiempo. También te posiciona frente al mismo. La importancia de que el entorno sea consciente de que alguien sufre violencia es vital para que la ayuda llegue a tiempo. La labor de la autora en este sentido es impecable. Eso sí, no recomiendo la lectura a personas sensibles, porque algunos capítulos te arrancan las lágrimas de cuajo y hacen que te encojas un poco por dentro. Todos debemos luchar por que nadie más sufra como Sara ni como su madre.

 

 

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