Análisis de Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte, una novela gráfica sobre la nostalgia
Análisis de Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte, una novela gráfica sobre la nostalgia

Análisis de Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte, una novela gráfica sobre la nostalgia

Año de publicación: 2016
Número de páginas: 200
Editorial: Salamandra
8

Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte es la novela gráfica que resultó ganadora del IX Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic. Náufragos es una historia de amor y nostalgia contada mediante saltos temporales, a caballo entre el Madrid de los año 80 y la Barcelona de la década de los años 90. Alejandra y Julio se reencuentran después de muchos años e intentan dar sentido a su presente cerrando un pasado que los llenó de heridas.

Hoy en Momoko analizamos la que está siendo una de las novelas gráficas más relevantes del panorama nacional de este año 2017. Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte se publicó a finales del 2016 después de haber ganado el X Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic. Una historia de (des)amor que se cuenta a través de saltos temporales, de instantes de la vida de los dos protagonistas que encajan y cobran un sentido completo al final de la obra.

Sinopsis de Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte

Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte es la historia de Alejandra y Julio, una novela que aborda dos décadas diferentes en dos ciudades distintas.

Año 1981, Alejandra es una chica algo tímida de un pueblecito que llegó a Madrid hace un tiempo con su madre. Alejandra, o Álex, no tarda en hacer buenas migas con Ramona, una vecina del barrio de su misma edad, extrovertida y con muchos amigos, a la que le resulta fácil caerle bien a los demás. Las dos van al mismo colegio y no tardan en hacerse inseparables. Para Álex Ramona es su contacto inicial con la capital y con su entorno cultural, es la que la inicia en el gusto por los tebeos, ampliando sus conocimientos literarios.

Por otro lado nos encontramos con Julio, en Barcelona y ya en el año 1991. Julio es un hombre que parece no encajar en el ambiente de su oficina y que tiene problemas de pareja con su novia. Tiene una habilidad especial para la escritura, pero se conforma con una vida sencilla en su trabajo y con una relación templada con su novia.

No tardaremos en saber qué es lo que conecta estas dos vidas que en un primer momento no parecen tener nada en común. Ambos se encontrarán en un ambiente distinto al que se conocieron, pero no tardarán en darse cuenta de que el tiempo los ha cambiado y son dos extraños que intentan reavivar algo que murió tiempo atrás.

Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte es una combinación de nostalgia, amor, desamor, tristeza, soledad, mezclado con una pequeña dosis de poesía que inunda cada una de las páginas. Con un estilo directo y sencillo se va descubriendo una historia que es mucho más que lo que aparenta en un primer momento, una oda al paso del tiempo y a lo que pudo ser y no fue.

Sobre Laura Pérez, autora de Náufragos

Náufragos de Laura Pérez y Pablo MonforteLaura Pérez es la artista responsable de la parte gráfica de Náufragos. La dibujante estudió Bellas Artes en varios países (Francia, Canadá y España), licenciándose finalmente en la ciudad de Barcelona. Ha trabajado como ilustradora freelance desde que terminó la licenciatura. Entre los clientes para los que ha realizado trabajos se encuentran algunos tan destacados como National Geographic The Wall Street Journal. Además, ha participado en libros colaborativos como Ilustradores españoles, de la editorial Lunwerg.

Náufragos es la primera novela gráfica que ha realizado, de forma colaborativa junto a Pablo Monforte. Además del premio que ganó con esta obra, también ha recibido el premio Valencia Crea en la modalidad de cómic recientemente.

 

Sobre Pablo Monforte, autor de Náufragos

Náufragos de Laura Pérez y Pablo MonfortePor otro lado, Pablo Monforte es el responsable de la parte de guión de la novela gráfica.

Pablo Monforte nació en Tarragona y afirma no haberse separado nunca por mucho tiempo del Mediterráneo. Desde siempre ha demostrado habilidades en el terreno del dibujo técnico, lo que sumado a su pasión por diseñar muebles hizo que se licenciase en la Escola d’Art Superior de Disseny de Valencia (EASD).

Después de terminar su licenciatura, Monforte se ha dedicado a la rehabilitación de espacios, compaginando su profesión con su pasión por la ilustración. También ganador del premio Valencia Crea en la modalidad de poesía y diseño en el año 2014.

 

Análisis de Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte (¡contiene spoilers!)

Náufragos es una historia que nos sitúa en un primer momento en el Madrid de 1981, en plena movida madrileña. Nos encontramos con unas imágenes que se mueven en una paleta monocromática, de tonos sepia, que nos traslada una sensación de nostalgia y de recuerdo. Alejandra, o Álex, es una adolescente solitaria que asiste a la Universidad, donde apenas se relaciona con nadie. Su rutina se limita a asistir a las clases y, cuando le puede la ansiedad, acude a la biblioteca. Los libros son el refugio de Álex, donde se siente segura y en los que invierte la mayor parte de su tiempo.

Descubrimos que Ramona, la mejor amiga de Álex y la persona que la tomó bajo su ala en el momento en que llegó a la capital, no va con ella a la Universidad y la amistad entre ambas se ha enfriado un tanto. Mediante un flashback (en el propio recuerdo del Madrid de los ochenta) descubrimos cómo empezó la amistad de las dos chicas, tiempo atrás. Ramona llega a llamar a Álex con el mote de Álex la desaparecida, haciendo alusión a lo poco que la ve.

Acto seguido, conocemos la historia de Julio, un hombre que trabaja en una oficina en Barcelona. Nos situamos una década después del primer recuerdo, en el año 1991. Julio no se encuentra cómodo en la oficina, no siente conexión alguna con los jefes ni con la mayor parte de los compañeros con los que trabaja. Aunque hay problemas todos los días, él mismo dice que nunca hace nada al respecto, lo que le convierte en un cómplice.

Lunes. Uno más. En realidad, como cualquier otro. Siempre con las mismas conversaciones vacías a la hora de comer. O a cualquier hora. Los mismos rostros insoportables. Aquí dentro el alma me pesa. Pero la sensación que me invade no es muy distinta de la que siento el resto de los días. Sólo cambia la fecha del calendario.

También somos testigos de su relación de pareja. Carla es la novia de Julio. Carla se nos presenta como una mujer joven, activa, que quiere evolucionar profesionalmente y abrir su propio negocio, algo en lo que no encuentra el apoyo de Julio. Tampoco coinciden en el tema familiar, los dos no tienen la mismas expectativas de futuro. Carla quiere tener hijos ya, pero Julio quiere darse un tiempo más.

Percibimos como si Julio no estuviera satisfecho con ningún aspecto de su vida. Es un ente pasivo, se deja arrastrar por los acontecimientos del día a día sin alterar nada de lo que sucede a su alrededor. Parece rendido, simplemente se deja llevar por las circunstancias.

Hay aquí un elemento que aparece en la trama y que conecta por primera vez a los dos protagonistas, y se trata del ejemplar de la revista Jardín metálico. Esta publicación también la tenía en brazos la Alejandra del Madrid de 1981 al inicio del relato. Más tarde sabremos la relación que tiene con los dos personajes.

Conocemos a continuación la situación familiar de Alejandra, su vínculo maltrecho con su madre. El padre de Álex las abandonó tiempo atrás y ella, sin tener mucha más información por parte de su madre, le achaca toda la culpa a ella. La comunicación entre ambas es mínima. La madre de Alejandra es una espectadora pasiva de la vida, se encierra en casa delante del televisor, esperando a su hija. Apenas se conocen la una a la otra, aunque Alejandra afirma que le gustaría que su relación mejorase. Comprobamos que la vida de la protagonista es solitaria y establece pocos lazos con aquellos que la rodean.

Después de una comida con los padres de Carla, Julio se marcha a dar un paseo. En este momento se encuentra con Alejandra, que está en la ciudad desde hace cinco años, para internar a su madre en una institución donde pueden tratar su enfermedad. Alejandra visita con regularidad a su madre y aunque estas visitas la hacen sentir en cierta manera atada y son siempre iguales, es la única forma en la que la protagonista no se siente sola.

Después de un tiempo Julio llama a Alejandra y los dos quedan para recordar los viejos tiempos. Hacen memoria, se ponen al día y empezamos a entender qué es lo que los unió en su día y que esta relación se rompió de una forma brusca. Sabemos en este momento que ambos tienen una cuenta pendiente, que tienen una conversación pendiente y que lo más probable es que todavía queden sentimientos que no se hayan extinguido, a pesar de que ahora ambos sean unos desconocidos.

Julio se siente cada vez más presionado por su novia para decidir tener hijos y atarse a ella de una forma más definitiva. Él le confiesa que no está seguro de poder seguirle el ritmo, que siente que ella va demasiado rápido.

-Que no puedo más con esto. Con todo esto. Esta carrera parece una estúpida metáfora de nuestra relación. Vas deprisa. Demasiado. Y yo ya no te alcanzo. No estoy preparado para esto.

Alejandra y Julio quedan una vez más y ahondan en los recuerdos, viajando de la Barcelona de los noventa hasta su Madrid de los ochenta. Somos testigos del primer beso que se dieron en un concierto y de la ilusión que ambos pusieron en la relación. Al principio de la novela Alejandra confesó que echaba en falta algo en su vida, que su amistad con Ramona ya no era suficiente, y ahora sabemos que lo que necesitaba era sentirse amada.

Descubrimos que Alejandra conoció a Julio a través de la publicación de la Universidad, de la revista Jardín metálico. Alejandra siempre admiró, en especial, la habilidad como escritor de Julio, expresando su admiración concretamente por la publicación Náufragos, que da título a la novela gráfica. Aunque Julio siempre ha destacado por su capacidad como narrador de historias, vemos que parece rendido, que ha abandonado su pasión y se conforma con ser una pieza más del sistema en su oficina gris.

Es gracioso el patetismo de este armario. Anticuado, tan ridículamente grande. Me gusta su aspecto. Todas estas prendas arrugadas que dicen algo de mí, que hablan de la imperfección de un día a día que he construido con esfuerzo y constancia. ¡Qué poco me importan las sábanas mal dobladas!

A pesar de la soledad que siente Alejandra, ella no se deja vencer por esto, no espera un cambio mágico que resuelva de vez todo el caos en que se ha convertido su vida. A pesar de estar sola, disfruta mucho el tiempo que pasa en soledad, aprovechando para dedicarlo a su mayor pasión: la escritura.

Alejandra y Julio son dos formas de afrontar una vida similar. Julio decide dejarse llevar, establecer relaciones templadas en las que no se siente cómodo ni realizado, sólo por el hecho de no sentirse solo y por pura cobardía. No se atreve en ningún momento a dar rienda suelta a su pasión por la escritura, y se refugia en su insatisfactoria vida doméstica y en un trabajo mediocre.

Por su parte, Alejandra se ha mantenido en una distancia con el resto de personas que algún día formaron parte de su vida, casi quedándose congelada en el pasado. Se refugió con el tiempo en su madre y su casa, además de la escritura, a la que dedica gran parte de su día a día. La constancia que demuestra Alejandra (escribiendo todos los días en los cinco años que lleva en la ciudad condal) se ve al final recompensada.

Hace tiempo que no quiero ni espero nada. Ya no necesito cambiar este desorden con el que vivo.

A pesar de que al final podríamos pensar que Alejandra consigue lo que quiere, viendo publicada su novela, sabemos que no es así. Que lo que habría conseguido hacerlos felices a ambos seguramente habría sido el seguir con su relación. Aunque Alejandra se convierte en una escritora reconocida sabemos que no es feliz, que vive sola y que siente que su vida no tiene arreglo.

Julio, aunque tenga una familia y el pack completo de lo que cualquier persona podría desear en la vida, nos queda claro que no se siente realizado. No ha potenciado su capacidad como escritor, y sabemos que no olvida a Alejandra.

Opinión de Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte

Anteriormente en Momoko ya analizamos una de las obras que ha ganado el Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic, La muchacha salvaje: Nómada, de Mireia Pérez (2011). Tanto en el caso de La muchacha salvaje, como con Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte, hemos podido comprobar que este premio es una garantía de calidad gráfica y narrativa. La historia no decepciona, ni mucho menos.

Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte es un título que hemos disfrutado de principio a fin. Desde la primera página los colores -mediante dos paletas monocromáticas-, así como la historia nos transportan a la época y nos contagian de ese sentido de nostalgia que acompaña toda la novela. La historia deja un sabor agridulce al terminar, justo cuando comprendemos todo lo que ha sucedido en la vida de Julio y Alejandra. Es al final, precisamente, cuando por fin toda la trama cobra sentido y podemos apreciar la dimensión de la historia por completo, sin lagunas.

Podemos considerar la novela como una novela de arrepentimiento. Julio se arrepiente de no haber sido valiente cuando la ocasión lo merecía, y ya nunca podrá saber qué habría sucedido de haber actuado de forma distinta. Siempre le quedará la espina clavada de si podría haber sido feliz junto a Alejandra, o de si habría tenido éxito y no se habría conformado con la rutina que ha establecido en Barcelona.

Alejandra es consciente de que si está sola y de que si su vida parece tan fría es porque, de alguna forma, se ha aislado de forma consciente. Se ha replegado en sí misma después de lo que sucedió a finales de 1981. Sin embargo, ella sí ha conseguido uno de sus objetivos: explotar su vena artística realizándose como escritora.

En cuanto al aspecto formal de Náufragos nos ha encantado la manera en que se nos muestra la historia, con saltos temporales que no cobran sentido hasta el final. Esto mantiene la incertidumbre en todo momento y le imprime ese carácter de recuerdo que acompaña a toda la historia.

Además, los colores están escogidos de una forma muy inteligente. Aunque el recurso de emplear una paleta monocromática no es muy innovador, sí que funciona a la perfección en esta historia en particular. La paleta de tonos sepia reviste a la perfección a los recuerdos madrileños de un toque cálido y nostálgico. Adquieren así estas viñetas un tono juvenil y alegre. En cuanto a las partes que corresponden a la etapa de Barcelona, los colores azulados se identifican con una etapa más triste y desapegada. Es una época más adulta, e incluso podemos vincular los azules a que la ciudad tiene mar, que es un elemento muy importante en la historia (siendo la obsesión de los escritos de Julio y uno de sus temas recurrentes).

Sinceramente, adquirimos este libro con unas expectativas altas en cuanto a trama y a destreza artística, y no nos ha defraudado en absoluto.

Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte es uno de los títulos que más gratamente nos ha sorprendido este año. El dibujo, a pesar de ser a primera vista sencillo, tiene una personalidad arrolladora y se percibe una maestría en cuanto a perspectiva y anatomía que dejan pasmado. Una historia perfectamente rematada, con una trama muy bien narrada y unos dibujos que enamoran. Recomendadísima para todos aquellos amantes de las novelas gráficas adultas, especialmente de aquellas que tratan el paso del tiempo y la nostalgia.

Para los curiosos y aquellos que queráis saber más del proceso creativo de Náufragos de Laura Pérez y Pablo Monforte podéis consultar el blog que escribieron los autores conjuntamente en la página de Fnac.

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