Los infortunios de la virtud, del marqués de Sade. Análisis
Los infortunios de la virtud, del marqués de Sade. Análisis

Los infortunios de la virtud, del marqués de Sade. Análisis

Año de publicación: 1791
Número de páginas: 185
8

Justine es una joven que debido a la mala fortuna, acaba separada de su hermana y huérfana por el mundo. Sin dinero, intenta salir adelante manteniéndose pura y fiel a sus principios, pero los hombres de Francia la desean y codician y todos intentarán que la joven pierda su virtud y acaban causándole terribles desdichas.

Justine o Los infortunios de la virtud es la primera obra que tenemos la suerte de analizar del Marqués de Sade (también conocido como Donatien Alphonse François de Sade).

Para los que no estéis muy puestos en el tema, nuestro famoso Marqués de Sade fue el que le dio el nombre al “sadismo“, práctica sexual que la #Rae en su sabiduría define como:

Perversión sexual de quien provoca su propia excitación cometiendo actos de crueldad en otra persona.

Nosotros, personalmente, le quitamos la parte de “perversión” a la definición…

Sea como sea, Justine o Los infortunios de la virtud data de 1787, aunque luego fue modificada en 1791 y en 1797 hasta llegar a nuestras manos tal y como la conocemos todos. Es una de las obras más importantes del marqués de Sade con “los 120 días de Sodoma” y está claramente por encima de cualquier novelita bondage contemporánea como “Cincuenta Sombras de Grey”,  a la que apaliza por goleada (y, aunque suene duro decirle, con placer).

Sobre el gran Marqués de Sade, su vida y sus escándalos.

Los infortunios de la virtudNo se puede entender esta novela sin comprender un poco de la vida del famoso Marqués de Sade, un filósofo y escritor libertino que pasó largos tiempos en la cárcel. Es uno de los máximos exponentes del antihéroe, presentando a menudo a mujeres malvadas, personajes crueles y hombres violentos que sólo persiguen su propio placer. Todos los personajes de sus novelas actúan movidos por una crueldad suma y terrible que luego excusan con explicaciones tremendamente convincentes.

Algunos pilares básicos de sus obras son su misantropía (profundo odio al género humano), su perversión sexual y su fuerte ateísmo.

Algo que debemos saber del marqués de Sade, es que sus obras no forman parte de su activa imaginación. Era un libertino, propenso a los escándalos. Una vez engañó a una mujer llamada Rose Keller y la encerró en su apartamento, donde la violó brutalmente y la azotó antes de dejarla marchar. Se casó por conveniencia con una mujer llamada Renèe-Pèlagie, a la que no amaba y a la que engañaba sucesivamente con prostitutas y amantes de todo tipo.  Entró y salió de cárceles y manicomios durante más de treinta años, perseguido por el Rey, Mme Montreuil o incluso la Iglesia. Le prohibieron la entrada a París, pero sabiendo que su madre estaba agonizando, trató de volver a verla y fue apresado en la fortaleza de Vincennes.

En el transcurso de los sesenta y cinco días que he pasado aquí, solo he respirado aire puro y fresco en cinco ocasiones, durante no más de una hora cada vez, en una especie de cementerio de unos cuatro metros cuadrados rodeado de murallas de más de quince metros de altura. […] El hombre que me trae la comida me hace compañía unos diez o doce minutos al día. El resto del tiempo lo paso en la más absoluta de las soledades, llorando. […] Así es mi vida.

Carta de Sade a Renèe

A pesar de que no amaba a Renèe, esta trató por todos los medios de sacarlo de su encierro, donde yacía con cargos como el libertinaje o la sodomía. Cuando cerraron Vincennes, lo enviaron a la Bastilla, donde estuvo preso hasta que lo trasladaron a un manicomio y de allí le otorgaron la libertad. Sin embargo, las representaciones de sus obras de teatro, en especial “Justine o Los infortunios de la virtud” que nosotros hemos leído, le granjearon numerosos problemas, nuevos encierros y acabó muriendo encerrado de nuevo en el manicomio de Charenton.

 

Sobre Justine o Los infortunios de la virtud (no contiene spoilers)

Los infortunios de la virtud,
Los infortunios de la virtud,

El libro comienza con una reflexión muy clara del marqués de Sade. Estipula una máxima que puede simplificarse de la siguiente forma: “Si el mundo se basa en el equilibrio y por tanto tiene que haber bondad y maldad por partes iguales, entonces ¿por qué escoger ser bueno? Las personas buenas no reciben premio por serlo, sino que además les ocurren cosas terribles. Es mejor, por tanto, ser malo, gozar por el placer ya que otros no van a sacrificar el suyo por ti”.

Con esta máxima nos presenta a dos hermanas que se quedan huérfanas, sin casi dinero y sin nadie a quien acudir. La primera, la mayor, decide meterse en el noble arte de la prostitución convencida de que así podrá ascender. De esta forma, llega incluso a ser baronesa, acostándose con quien le place, ganando una verdadera fortuna, enamorando a los hombres y asesinando a aquellos maridos que no le compensan económicamente para seguir ascendiendo en la escala social.

Su hermana pequeña, Justine, es de otra opinión. Criada en un convento, ella quiere mantenerse pura y virgen y de esta forma parte en busca de trabajo o de una mano amable que la ayude. Sin embargo el mundo no está preparado para su “virtud” y por todas partes encuentra a verdaderos libertinos que deciden hacer con ella lo que les da la gana y que además, se ven recompensados por sus actos.

Desesperada, sin dinero, empieza a trabajar como doncella para un hombre que la maltrata, no le da casi de comer y además, la mata a trabajar. Un día este hombre le propone que robe una caja con joyas de su vecino. Como esta se niega, él lo roba igualmente y la entrega a la justicia, diciendo que ella es la ladrona. Los gendarmes no creen en su inocencia, y molestos, se la llevan a la cárcel donde sin duda la matarán. Pero en esto que encuentra a una joven mujer que se ofrece a huir con ella. Aprovechando un incendio, se la lleva lejos a una cabaña donde esperan sus cuatro compinches: hombres lejos de la virtud que se proponen violar a la joven. 

Esta tratará de apelar a su compasión, pero de nada servirá. Entre los cuatro la fuerzan a realizar cosas horribles, manteniendo, sin embargo, su virginidad por simple piedad. Sin embargo no se cortan en empezar una serie de prácticas sádicas que trastornan profundamente el alma de Justine:

[…]El segundo me hizo poner de rodillas entre sus piernas y, mientras la Dubois lo aplacaba como al otro, él se dedicaba por completo a dos actividades. Ora me golpeaba con la mano abierta, pero de una manera nerviosa, en las mejillas o en mis pechos, ora su boca impura venía a juntarse con la mía. 

Cuando por fin se libra de los bandidos, echa a correr por el monte y asiste a una escena terrible en la que un joven Marqués, el de Bressac, está sodomizando a un joven criado. Al verla, la desnuda y la ata a un árbol y amenaza con matarla si no guarda silencio. Ella asiente y le cuenta su triste historia, y el joven de Bressac, decidido a ponerla a prueba, la lleva a la casa de su madre para que trabaje de criada. Allí Justine intentará ser feliz, pero de nuevo una trama asesina la envuelve y es azotada y casi asesinada por el marqués de Bressac.

Desesperada, huye a una ciudad, donde comienza a trabajar para un médico que tiene toda la pinta de ser honrado. Peeero en el mundo del marqués de Sade no existen las gentes buenas. Este hombre pretende realizar una autopsia en vivo con una niña que ha secuestrado del monte con un compañero. Justine decide liberarla, y el médico, enojado, la tortura y la marca al fuego como a una criminal y luego la echa de su casa.

Será entonces cuando Justine acabe, tras mucho caminar, sufrir y lamentarse por su suerte, decidida a no perder jamás la virginidad y a mantenerse pura, acaba en un convento conocido por sus milagros. Allí se entrega a un sacerdote bueno y fiel llamado Rafael que tiene muy buenas referencias. Ella sólo quiere arrodillarse y suplicar perdón a Dios por lo que haya hecho que le ha causado tanto dolor e infortunios. Pero allí acabará siendo víctima de una sociedad de sacerdotes corruptos que la encerrarán con otras mujeres para practicar todo tipo de placeres sexuales con ellas.

 

Y el infame, colocándome sobre un canapé en la actitud propicia a sus execrables proyectos, haciendo que dos monjes me sostuviesen, trata de satisfacerse conmigo de esta forma criminal y perversa que sólo nos hace parecernos al sexo que no poseemos degradando el que tenemos. Pero este impúdico está fuertemente proporcionado, o la naturaleza se revela en mí con la sola sospecha de estos placeres: no quiere vencer los obstáculos. Apenas se presenta es rechazado… Separa, presiona, desgarra, todos sus esfuerzos son superfluos: el furor de este momento se descarga sobre el altar donde no puede alcanzar sus deseos: lo golpea, lo pelliza, lo muerde, nacen nuevas pruebas del seno de estas brutalidades; las carnes se debilitan y se preparan, el sendero se entreabre, el carnero penetra; lanzo gritos espantosos; la masa se engulle pronto, y la culebra, lanzando en seguida un veneno que le roba las fuerzas, cede por fin, llorando de rabia por los movimientos que gago para desprenderme. En mi vida había sufrido tanto.

La vida de Justine continuará en medio de estas vejaciones, decidida a proteger su virtud hasta el final de la novela.

 

Nuestra opinión

Los infortunios de la virtud,
Los infortunios de la virtud,

Como todas las novelas del marqués de Sade, Los infortunios de la virtud se compone de dos partes muy claras: la primera es la violencia y las violaciones que sufre Justine. La segunda son los
razonamientos de los malvados
que provocan la brutalidad, los cuales se excusan con argumentos realmente razonables. La Dubois, por ejemplo, señala que en un mundo dominado por los ricos donde si los pobres no roban mueren de hambre, robar un mendrugo de pan no debería considerarse pecado.

Otros dicen que si la Providencia y Dios existiesen, entonces no premiarían continuamente a los que obran mal, sino sólo a los que obran bien, y dan numerosos ejemplos de estas actitudes.

Así que avanzas toda la novela viendo a Justine pasarlo realmente mal, escaparse, encontrarse con alguien que parece bueno, pero inmediatamente subes la guardia.

Piensas: no, parece demasiado majo. Este va a ser de los peores.

Y siempre aciertas.

Al final tras doscientas páginas de soberanas putadas, la única incógnita que te esperas es cuándo le quitarán la virginidad a Justine entre tanta violación, tanto cabrón suelto robándole el oro y tanto sádico descuartizador de mujeres. No esperas jamás que la cosa acabe bien porque todo parece una inmensa metáfora de por qué deberías comportarte como un egoísta y malvado ser humano si realmente quieres progresar.

Si cambiásemos sus metáforas sobre “el carnero” o las “media lunas” por palabras más contemporáneas como “falos” o “nalgas”, le pusiésemos un zapatito moderno o quizás un iphone en las manos a Justine, se haría un best-seller en el menor tiempo posible. Si la versión descafeinada de Cincuenta sombras de Grey triunfó, esta puede hacerlo mucho más. Nosotras personalmente, la mitad del tiempo las metáforas nos parecían realmente confusas y no sabíamos qué narices estaba haciendo con qué cosa y en qué partes… aunque por lo general te hacías a la idea de que era tremendamente doloroso. Y eso era más que suficiente.

En 1967 se rodó una versión de la obra en formato de película, titulada Justine ovvero le disaveventure della virtú y que en España se llamó Pasión Mortal.

Contiene spoilers: por cierto que el final nos deja bastante descolocadas. La hermana que ha progresado, es rica y feliz decide tirarlo todo por la borda y volverse virtuosa. Y a Justine la parte a la mitad un rayo, popularizando de nuevo el insulto de “que te parta un rayo!”

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