La niña que come pesadillas, análisis
La niña que come pesadillas, análisis

La niña que come pesadillas, análisis

Año de publicación: 2017
Número de páginas:
Editorial: Ediciones Mouse
9

Tania LaNoche ha pasado toda su vida deseando salir del orfanato. Lo que ella no sabía era que en el momento en el que pusiera un pie fuera, las más terribles catástrofes la iban a perseguir. Una novela de fantasía para adultos muy recomendable.

La niña que come pesadillas nos introduce en un mundo distópico y extraño que nos provoca un salto completo entre sensaciones. Es una de esas novelas con drama y magia, que respira por sí sola y que huele a un olor en particular. En nuestra opinión, La niña que come pesadillas huele a eucaliptos y genera dentro de ti la misma sensación que sientes cuando te hundes en una piscina y se te llenan las fosas nasales del horrible olor del cloro. Es cálida con la misma sensación que una vela y tiene tanta magia y color que nos ha sorprendido gratamente para ser la obra de un escritor novel. 

El autor de La niña que come pesadillas

Adrián Suárez, el autor de La niña que come pesadillas, es un experto en narrativa y en videojuegos residente en la ciudad de La Coruña. Y esto es evidente en su obra, donde detalla las calles, los locales y las historias más emblemáticas de esta ciudad que lo vio crecer.  Además, cuenta con su propio canal de Youtube (nuevebits) donde hace un análisis de la narrativa y las historias de los videojuegos.

A pesar de su prolífica actividad como escritor, La niña que come pesadillas es la primera novela publicada de Adrián Suárez. Cuenta con varios libros de ensayo especializados en videojuegos como son Letras Pixeladas vol. 1 y Letras Pixeladas vol. 2 de las cuales es coautor. Esta es su primera historia ficcionada que consigue abrirse paso hasta el público y tal y como él mismo declara “es una historia que se engloba en un punto intermedio entre la literatura fantástica juvenil y adulta”.

Argumento de La niña que come pesadillas

Tania LaNoche es una joven inconformista y enfadada con la vida. Ve sus días pasar metida en el interior de un orfanato llamado “La Segunda Infancia”, oprimida por la malvada cuidadora la “Señora Espina”. A pesar de tener muchas amigas, Tania se siente incompleta. Siempre ha querido escaparse y ver mundo, disfrutar de nuevas experiencias y aventuras. Por eso una noche decide escaparse. Corre a través de la carretera, dejando su pasado y a la gente que prácticamente conforma su familia detrás hasta que, de pronto, se choca de bruces contra una barrera que la devuelve al interior del orfanato.

Deprimida por ser incapaz de salir de aquel lugar, acompaña a sus amigas de camping. Esa misma noche, una tormenta asola la Montaña del Cuerno Roto y cuando Tania gatea hacia fuera, buscando un poco de aire, se encuentra dos enormes ojos rojos sangrientos que pueblan el cielo y que tienen un único mensaje

“TE ENCONTRÉ. POR FIN ENCONTRÉ UNA FISURA PARA ENTRAR”

 

Análisis y opinión de La niña que come pesadillas

La niña que come pesadillas, tal y como hemos dicho anteriormente, es una obra que sorprende por la magia que transpira. La acción es muy rápida y directa, sin darnos tiempo a tomar aire y disfrutar de las descripciones o de los lugares que describe. Y sin embargo, a pesar de su ritmo, transmite perfectamente las sensaciones y los ambientes.  Da un inmenso salto desde el capítulo 1 al 2, en el que parece pasar de ser una novela de fantasía para adultos a una trama juvenil y con poca profundidad que más tarde recupera sus tintes oscuros y negros y que vuelve a engancharnos completamente.

Uno tras otro, descubro el futuro de mis once amigas. Primero veo lo que ellas anhelan, sus sueños, pero estos se deshilachan y me revelan la realidad: deseos trágicos que nada tienen que ver con lo que ellas quieren para sí mismas.

Una de las cosas que más sorprende en La niña que come pesadillas, especialmente para aquellos que conocemos la ciudad de La Coruña tan profundamente, son las continuas referencias a lugares y locales reales que los lectores pueden ir revisitando y reconstruyendo. Pero no sólo se habla de lugares en específico, sino también da amplias referencias contemporáneas sobre películas, series y videojuegos. A menudo Tania LaNoche nos explica sus sensaciones, emociones y lo que espera que ocurra a través del análisis de juegos y películas que todos conocemos como Stranger Things, Portal o Ni no Kuni.  Personalmente no soy fan de este tipo de referencias en las obras, pero no por ello considero que esté mal hecho. Es simplemente un recurso que no comparto por manías y razones propias y que no afectan en absoluto a la nota.

Otras referencias que sí que incluye son a personajes históricos famosos y a sucesos como el gran incendio de Londres del 1666 que todo el mundo conocerá.

Sin embargo, sí que hay un par de cosas que nos desconcertaron un poco y fueron los saltos de escenas de fantasía oscura, llenas de realidades paralelas, futuros, pasados, explicaciones sobre complicadas tramas de dioses y sufrimiento con momentos extremadamente “juveniles” como el instante en el que Tania juega a la botella o sus continuas escapadas a la discoteca para divertirse de forma desenfadada.

Claramente La niña que come pesadillas bebe de influencias del anime. O al menos, da esa impresión. Tania es una heroína al uso, directa y valiente que pasa por momentos de dudas pero que siempre tiene claros sus principios éticos y morales. Aunque vacile y tenga miedo de enfrentarse a lo que se le eche encima, siempre acaba saliendo con alguna estrategia inteligente para poder avanzar y sortear las dificultades. En ese sentido recuerda un poco al paradigma de “The chosen one”, es decir, “El elegido”: Tania es la única que no se esfuerza en “La Escuela Naranja” (una institución que parece inspirada en Strawberry Panic pero sin momentos lésbicos), que tiene poder simplemente porque ha nacido con él y que en general contiene la suerte que sólo los dioses le han otorgado sin ni pizca de trabajo propio. Es la “Potter” de La niña que come pesadillas.

Sí que hay un par de episodios, y eso lo apruebo y alabo, en el que Tania tiene que esforzarse en aprender a controlar su poder o “ka” y entrena con gente a su alrededor. El aprendizaje parece duro, pero exactamente igual que Harry cuando entrenaba para dominar el Expecto Patronum, sus bloqueos mentales se solucionan siempre a la hora de la verdad.

No con esto queremos decir que Tania sea un personaje plano o no lleguemos a temer por ella o por su vida. Continuamente la obra te avisa de que todo puede ser un sueño. Pero también que los sueños son parte de nuestra realidad y que las pesadillas pueden dominarnos y matarnos.

Existe otro grupo de personajes que se dividen directamente entre aquellos que están desarrollados y serán influyentes en la trama, y los que no. De Los Cinco, de los cuales solo dos de ellos muestras personalidades realmente construidas, hasta la encantadora Buenavista que por momentos supera a Tania en protagonismo y empatía y que sin duda se convertirá en el personaje favorito de la mayor parte de las lectoras femeninas.

Tiene puestas unas gafas enormes, tanto que no soy capaz de disnguir sus ojos a través del cristal. Su pelo es corto, muy revuelto y de color castaño, su mentón es fino y sus pómulos muy marcados, como si llevara meses sin comer.
– ¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?
– Me llaman – dice tímidamente – Buenavista.

La niña que come pesadillas tiene además un interesante juego de narrativa que era de esperarse tratándose el autor de quién es. Entre cambios con las negritas y las mayúsculas hasta un juego entre la primera y la tercera persona que resultan sorprendentes, pasando por matices, dobles sentidos y pistas que nos anticipan lo que la trama está intentando contarnos.

La única crítica que podríamos hacerle es que, a pesar de que la historia es del todo entretenida en momentos y que engancha terriblemente de forma que no puedes parar de devorar sus páginas, La niña que come pesadillas no tiene realmente una trama de conflicto – solución. Es decir, que la primera mitad de la obra la pasas esperando a ver qué nuevas aventuras le suceden a Tania y a Buenavista en La escuela Naranja.

En general La niña que come pesadillas es una obra de fantasía juvenil que apasionará a su público, cargada de magia y que engancha desde la primera página. Una buena apuesta para los apasionados al género que encontrarán en esta una historia que comentar, releer y con la que frustrarse terriblemente. Y eso, es difícil de encontrar en una obra

Conclusión sobre La niña que come pesadillas

Tania LaNoche es una joven que sueña con escaparse del orfanato Segunda Infancia en el que vive. Sin embargo, su vida cambiará cuando una noche dos enormes ojos rojos aparecen en el cielo buscándola y ella descubre que es capaz de ver los futuros de sus amigas en sueños.

La niña que come pesadillas es una novela juvenil de fantasía llena de giros, sorpresas y cambios de sentidos que recuerda a la narrativa del anime contemporáneo y que se carga de referencias para transportarnos, a través de la lectura, en un sueño.

 

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