La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, análisis
La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, análisis

La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, análisis

Año de publicación: 1936
Número de páginas: 208
9

Las pasiones, envidias y dobles intenciones bullen en una casa en la que se puede cortar el aire con un cuchillo. Bernarda Alba es la matriarca de una familia que recientemente ha perdido al hombre de la casa, motivo por el cual las hijas del matrimonio se mantienen cerradas a cal y canto en la vivienda.
Este encierro desatará las peores pasiones de las jóvenes, pues la juventud no puede contenerse sin que se desborde de alguna forma.

La casa de Bernarda Alba es la última obra teatral de Federico García Lorca. El dramaturgo nunca vio representada su obra debido a su trágica muerte en el año 1936. Por este motivo, y debido a que el autor apenas habló de ella, es una obra de difícil análisis.

Federico García Lorca, es una de las grandes figuras de la literatura española del siglo pasado, destacando en el campo de la poesía y del teatro. Lorca se adscribe a la Generación del 27, grupo de escritores de principios del siglo XX entre los que destacan figuras tales como Rafael Alberti, Miguel Hernández y Gerardo Diego.

El autor de La casa de Bernarda Alba estudió Derecho aunque nunca ejerció la profesión. En el carácter de Lorca se contaban numerosos detalles curiosos. Una de las excentricidades más destacadas es la de simular su propia muerte y ser llevado en ataúd al cementerio, donde “resucitaba”.

García Lorca es una de las figuras más fascinantes y únicas del mundo del arte en nuestro país. Coincidió en la mítica Residencia de Estudiantes con otras dos importantes figuras artísticas: Luis Buñuel y Salvador Dalí. Con este último mantuvo, además, una relación amorosa que marcó su obra posterior.

Lorca y Dalí
Lorca y Dalí juntos en la década de los años 1920.

No deja de resultar curioso que en una España de tierra y tradiciones fuera precisamente Lorca, un artista cosmopolita y adelantado a su tiempo, un éxito de ventas. La razón podemos encontrarla en la temática de sus obras. Lorca hablaba para las personas del campo, como aquellas que había visto desde su infancia. Para abordar sus historias desgarradoras y castizas emplea un lenguaje sencillo y rotundo a la vez.

Muchos sostienen que fue precisamente La casa de Bernarda Alba el detonante de su fatídico destino. Se cuenta que la familia Alba, viéndose retratada por el dramaturgo, incitó a que se le investigara.

La casa de Bernarda Alba es la segunda obra del escritor que analizamos en Momoko, después de Bodas de sangre. Esta es la última obra de teatro que nos ha dejado el malogrado escritor, la última que pudo escribir antes de su fusilamiento en el mismo año de su publicación, en 1936.

La trama de La casa de Bernarda Alba gira en torno a una familia de mujeres que se enfrentan a un largo luto por la muerte del padre. La madre intenta imponer la tradición sobre la juventud de sus hijas, cortando en ellas todo vestigio de libertad.

La historia del libro está basada, como es habitual en Lorca, en una historia real. En este caso se trata de una familia cercana al dramaturgo. Los personajes de la obra están basados en una familia vecina del escritor, los Alba.

El autoritario personaje de Bernarda Alba es una interpretación que crea Lorca de Frasquita Alba. Esta mujer vivía en Valderrubio cerca del artista con sus hijas. El escritor pudo ver a las hijas de la mujer en numerosas ocasiones y elaboró una historia en torno a ellas, viendo las condiciones de reclusión en las que vivían.

La obra nos sitúa en la casa de Bernarda Alba el día que el marido y cabeza de familia, Antonio María Benavides, muere dejando viuda y cinco hijas solteras.

El ambiente termina siendo entonces, ante la perspectiva de ocho años de encierro por luto, irrespirable. No tarda en llegar el momento en que salen a la luz las rencillas entre hermanas. Las más jóvenes serán las que más sufran este encierro, viendo cercenada su juventud y todas las posibilidades de felicidad.

Bernarda

[…] En ocho años que dure el luto no ha de entrar en esta casa el viento de la calle. Haceros cuenta que hemos tapiado con ladrillos puertas y ventanas. Así pasó en casa de mi padre y en casa de mi abuelo. Mientras, podéis empezar a bordaros el ajuar. […]

No sólo las hijas se ven sometidas en la casa, también María Josefa, la propia madre de Bernarda, sufre su tiranía. Bernarda tiene una obsesión con el qué dirán y con su intimidad. Este miedo es típico de la vida en los pueblos, en los que todo se sabe.

Todo lo que sucede fuera de la casa lo conocemos por conversaciones. En ningún momento cambia el escenario, permanecemos siempre encerrados como un personaje más. Este recurso crea perfectamente una atmósfera opresiva.

Adela

Me sigue a todos lados. A veces se asoma a mi cuarto para ver si duermo. No me deja respirar. Y siempre: «¡Qué lástima de cara! ¡Qué lástima de cuerpo que no va a ser para nadie». ¡Y eso no! ¡Mi cuerpo será de quien yo quiera!

Las, en un principio, pequeñas rencillas entre hermanas no paran de crecer. El motivo de estas discusiones es, como es evidente, un hombre: Pepe el Romano. El personaje de Pepe nunca aparece en escena, sólo podemos imaginarlo a través de las impresiones del resto.

Pepe está prometido con Angustias, la mayor de las hermanas, que cuenta con treinta y nueve años. Sin embargo, no es Angustias la única que está enamorada de Pepe. Es difícil para Bernarda, tan pendiente de la opinión ajena, parar la tragedia que se avecina. A pesar de las advertencias de Poncia, una de las criadas, Bernarda hace oídos sordos a lo evidente.

El nombre de algunas de las hermanas es de lo más ilustrativo:

  • Angustias, la mayor de todas, prometida con Pepe. Esto nos da una pista de que el personaje está abocado a sufrir.
  • Magdalena, la que más sufre la muerte del padre. El nombre hace una referencia a su carácter doliente.
  • Martirio, la segunda más joven, consumida por unos sentimientos no correspondidos.

Adela y Amelia, más libres y con una personalidad menos reprimida y oscura, tienen nombres más positivos.

A lo largo de toda la obra se juega con el espacio dentro-fuera. Nos movemos solo dentro de la casa y conocemos únicamente la información que nos llega por los diálogos. Aún así conocemos la existencia de personajes a mayores, sabemos lo que sucede en el pueblo y podemos anticiparnos en ocasiones a los acontecimientos.

La petición de silencio de Bernarda es recurrente. Una curiosidad es que el personaje comienza con la palabra “Silencio”, terminando con el mismo “Silencio” que cierra la obra. Esta necesidad de silencio, de recogimiento, de evitar las miradas, es recurrente en los pueblos y una señal de la tradición. El silencio se impone en torno a la casa, de luto, y con él se intentan tapar los problemas que trae el propio recogimiento.

Lorca denuncia en la obra no sólo la difícil vida en los pueblos, también la situación de inferioridad de la mujer. Hay un momento del libro que lo ilustra: los vecinos reaccionan violentamente cuando saben que una muchacha ha tenido un hijo de soltera.

Bernarda

Sí, que vengan todos con varas de olivo y mangos de azadones, que vengan todos para matarla.

Adela

¡No, no, para matarla no!

Martirio

Sí, y vamos a salir también nosotras.

Bernarda

Y que pague la que pisotea su decencia.

En la obra se nos muestra a la mujer ocupando un puesto inferior y débil, como tradicionalmente. El peso de esta tradición, continuada por mujeres en este caso (Bernarda) es precisamente lo que frena su crecimiento.

La muerte del padre relega a las mujeres de la familia a un luto de ocho años. La pérdida de la figura masculina de la casa deja en una situación precaria a las mujeres de la familia. Las hermanas de la obra tienen como vía de escape la ilusión de que las ronden, el hombre es el que las puede sacar del encierro. Además, el hecho de que sea el hombre el que las ronda siempre las relega a un papel meramente pasivo.

La casa de Bernarda Alba es la obra teatral de Lorca que más controversia suele generar. Esto es debido a que el autor no dejó ningún escrito acerca de su intención. Es la obra en la que menos elementos típicos del teatro lorquiano podemos encontrar. El libro, a pesar de los simbolismos que aparecen en él, se enmarca en el realismo.

Uno de los más claros es el del semental inquieto. El caballo, que habitualmente representa la juventud y la pasión, exige que lo saquen de la cuadra a coces. Podemos ver aquí un paralelismo con algunas de las hijas de Bernarda y sus ansias de libertad. En la noche del desenlace el caballo está libre, en el patio, bañado por la luz de la luna. La luna en el teatro de Lorca presagia la tragedia.

Bernarda

¿Hay que decir las cosas dos veces? ¡Echadlo para que se revuelque en los montones de paja! (Pausa, y como hablando con los gañanes.) Pues encerrad las potras en la cuadra, pero dejadlo libre, no sea que nos eche abajo las paredes.

El giro que experimenta Lorca, en lo formal, en La casa de Bernarda Alba, hace que muchos críticos consideren que éste era el inicio de una nueva etapa en la obra del dramaturgo. Por desgracia, el escritor no pudo continuar su producción literaria, siendo fusilado el mismo año del estreno de este título.

Para saber más…

A lo largo de los años se han realizado múltiples adaptaciones de la obra al teatro y al cine. De entre todas las adaptaciones que se han llevado a cabo desde el momento de su publicación destacamos las siguientes:

Casa Bernarda Alba 1987
Reparto de la película de 1987

Destaca la adaptación al cine del año 1987, dirigida por Mario Camus con Ana Belén en el papel de Adela y Vicky Peña como Martirio.

Otra versión de La casa de Bernarda Alba a la gran pantalla es la del año 1982, de México, dirigida por Gustavo Alatriste.

En lo tocante a las representaciones teatrales destacan dos puestas en escena de la obra:

puesta en escena bernarda alba bardem

  • Puesta en escena de Juan Antonio Bardem, de un corte más clásico en el que reina el negro del luto y con espacios que simulan un ambiente abstracto, sin ventanas ni techos.

puesta en escena bernarda alba espert

  • Puesta en escena de Nuria Espert, de actuaciones desgarradoras y una escenografía que pretende imitar la estética rural andaluza con las paredes blancas caladas y un toldo.

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