INFIERNO de La Divina Comedia, Análisis
INFIERNO de La Divina Comedia, Análisis

INFIERNO de La Divina Comedia, Análisis

Año de publicación: 1303 ~ 1307
Número de páginas: 205
Editorial: Oscar Mondadori
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Descenso por los nueve círculos del Infierno del poeta italiano Dante Alighieri, acompañado por el poeta clásico Virgilio. Allí verán los horrores que encierra el averno. Primera parte de «La Divina Comedia».

La Divina Comedia es un poema escrito por el poeta florentino Dante Alighieri. Originalmente la tituló Commedia ya que la escribió en italiano, una lengua “vulgar”, en lugar de latín como se escribían las elevadas Tragedias. Fue más tarde Giovanni Boccaccio quien añadió el adjetivo “divina”. La obra consta de tras partes: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Es en la primera en la que nos centraremos.

«Infierno» narra el descenso del poeta por el mismo guiado por el alma de Virgilio, poeta latino autor de la Eneida.

El poema consta en total de treinta y cuatro cantos. Si bien cada una de las partes está organizada en torno al número simbólico 33, Inferno tiene uno más que es una introducción.

 

Comencemos el descenso.

Dante se encuentra en «…una selva oscura después de dar mi senda por perdida.» Está en mitad de su vida en un mundo de pecado. Considera que la vida en la que se encuentra atrapada es un lugar oscuro y sombrío, aquel bosque representa «el buen camino abandonado.» Perdido como está, es acosado por una pantera (que simboliza la lujuria), un león (que simboliza la soberbia) y una loba (que simboliza la avaricia). En esta desesperación, una sombra aparece y no es otro que Virgilio, el poeta que tanto admira Dante (y como ha de hacerlo que lo nombra su guía en Infierno y Purgatorio) para sacarlo de aquel trance y llevarlo hasta el Paraíso.

Virgilio ha sido enviado por las tres grandes mujeres: la Virgen María, Santa Lucía y Beatriz, el amor eterno de Dante. Es una gran demostración de cuánto amaba el poeta a esta mujer el hecho de haber puesto a Beatriz a la misma altura que las otras dos en cuanto a santidad y pureza.

Abandonamos el bosque y nos acercamos al Infierno.

«Por mí se llega a la ciudad doliente,

por mí se llega al llanto duradero,

por mí se llega a la perdida gente.

Me hizo mi alto hacedor por justiciero:

el divino poder me dio semblanza,

la suma ciencia y el amor primero.

Nada hay creado que en edad me alcanza,

no siendo eterno, y yo eterna duro.

¡perded cuantos entráis toda esperanza!»

Canto III

 Todos hemos oído en algún momento estas palabras de alguna forma y las conocemos, quizá no con exactitud pero sabemos el oscuro y estremecedor significado que envuelven. Están grabadas en el dintel de las puertas de entrada al mundo oscuro y tortuoso, son el preludio de los horrores que contienen detrás.

Nada más cruzarlas vemos almas que están siendo castigadas: todas aquellas que, en pocas palabras, se lavaron las manos, que no supieron actuar, que se desentendieron. Dante cruza el Aqueronte (primero de los ríos infernales) gracias a Caronte.

No nos explayaremos en un análisis profundo sobre con quiénes se encuentra o sobre qué hablan pero sí que haremos mención a lo fascinante que es como Dante se conmueve durante los cinco primeros círculos: Limbo, Lujuria, Gula, Avaricia e Ira.

En el primero es más que comprensible, allí van las almas no bautizadas o aquellos que no compartían la religión cristiana pero han sido buenos sin embargo, no pueden acceder al cielo. No están castigados pero tampoco son premiados, simplemente están. Ése es el círculo al que pertenece Virgilio. Hay una zona donde se encuentran las almas más ilustres, las almas más recordadas del Antiguo Testamento o los grandes filósofos de la antigüedad. Dante llama a ese lugar pseudoparadisíaco “Campos Elíseos” pues es el lugar de reposo que tienen las almas que no pueden avanzar pero que no merecen ser castigadas.

 

 Los otros cuatro son pecados de la carne: sexo voraz, hambre voraz, un ansia insaciable por el dinero (por gastarlo o por guardarlo) y la furia implacable que corroe las entrañas y borbotea. Son pecados terribles pero incluso comprensibles porque no se puede dominar al cuerpo, éste sucumbe a ellos.

Para abandonar el quinto círculo cruzamos la laguna Estigia gracias a Flegias no sin dificultades: tuvimos inconvenientes con las harpías y esto es comprensible pues en el Infierno los demonios no reconocen a un vivo, como es Dante, pero afortunadamente el poeta viaja junto a Virgilio quien trae órdenes desde lo alto. Sorteada la dificultad, llegamos a la Ciudad de Dite, al bajo Infierno donde se encuentran los pecados realmente graves.

La ciudad de Dite

Como hemos dicho, los primeros cuatro son pecados de la carne, son excesos incontrolables pero los siguientes son pecados de la mente, crímenes voluntarios. Los círculos que continúan son: herejía, violencia, fraude y traición.

El sexto círculo es el de los herejes y pertenece a todos aquellos que niegan la existencia del alma (principalmente). Su castigo es estar encerrados en tumbas ardientes. Durante estos cantos, Dante se centra en dar una explicación de la situación política de Florencia a través de la discusión de los dos condenados (Farinata degli Uberti – Gibelino y Cavalcante dei Cavalcanti – Güelfo).

El séptimo círculo es el de la violencia y se divide en tres recintos. (Cabe destacar que hasta ahora todos eran individuales pero los últimos tres tiene que hacer subdivisiones):

  • Primer recinto: aquellos que se dejaron llevar por la violencia – Son en los que pensamos habitualmente cuando la palabra «Violencia» acude a nuestras mentes.
  • Segundo recinto: aquellos que son violentos contra sí mismos – Las almas caen aquí como una semilla y de ésta brota un árbol. Se conoce a este recinto como el Bosque de los Suicidas. Las almas son torturadas por las Harpías, que desgarran sus ramas y troncos, haciéndolos sangrar y proferir alaridos y cuando llegue el juicio final de sus ramas colgaran sus cuerpos esperando el veredicto. ¿Terrible, no?
  • Tercer recinto: aquellos que son violentos contra Dios y contra la naturaleza –  Aquí son castigados aquellos que han blasfemado y los sodomitas.

Si algo hemos de destacar es que Dante en ningún momento tiene problema en dar nombres y apellidos de las almas. En contadas ocasiones muestra un mayor respeto con respecto a las almas con las que habla pero siempre las nombra a todas. Esto podríamos haberlo comentado antes pero es bueno hacerlo ahora, tras el asunto de los sodomitas que lo ha puesto al mismo nivel de atentar contra Dios. En la obra, lo más importante es el recorrido por el infierno donde quedan plasmados los horrores, los terribles castigos que uno puede sufrir si comete alguno de los crímenes que se están mencionando (los castigos en sí merecerían una entrada para ellos solos).

No obstante, en ella se puede ver el amor de Dante por su Florencia natal, de la que fue exiliado por las disputas políticas entre Güelfos y Gibelinos y como ello lo mueve tanto como su amor por Beatriz. En todo momento podemos apreciarlo, menciona y castiga a los culpables dándoles el sitio que cree conveniente en el infierno. Además de los rumores pertinentes de la época para algunos de los mencionados y además de famosos de la historia. Todos tenemos lugar aquí, del pobre al rico, del santo al miserable si no tenemos cuidado, podemos acabar en el infierno.

Continuemos el descenso.

La mentira, el engaño. Lo que lo diferencia de la traición es que no se comete con gente de confianza. Es decir, sí, nos hemos ganado la confianza de alguien y se le ha traicionado de alguna forma pero no es un amigo o un hermano. En resumen, la diferencia entre el fraude y la traición es el nivel de confianza. Aquí lo que hay son Diez Malasbolsas (Malebolge).
  • Primera Malabolsa: Rufianes – Aquí se encuentran los proxenetas y seductores. ¡El héroe Jasón está entre ellos! Por dejar a tantas mujeres, entre ellas la pobre Medea, después de utilizarlas para sus medios. Marchan durante la eternidad azuzados por los demonios.
  • Segunda Malabolsa: Aduladores – Podríamos considerar que el poeta preparó esta bolsa para los tiempos futuros. Las almas están hundidas en excrementos humanos, en la inmundicia que sus palabras produjeron.
  • Tercera Malabolsa: Simoníacos – Aquellos que se encargaron de la compraventa de la espiritualidad. Estos cuelgan del revés mientras con fuego les queman los pies.
  • Cuarta Malabolsa: Adivinos – Todos aquellos brujos y falsos profetas que venden el futuro. Estos tienen la cabeza del revés. Ya que quisieron mirar hacia adelante, ahora nunca más podrán hacerlo.
  • Quinta Malabolsa: Barateros – Los políticos corruptos están ahogados en pez hirviente.
  • Sexta Malabolsa: Hipócritas – Obligados a cargar capas doradas pero que en realidad son de plomo como símbolo de su falsedad.
  • Séptima Malabolsa: Ladrones – Son perseguidos y mordidos por serpientes y custodiados por un centauro escupefuego (Caco, de cuyo nombre viene lo de llamar “cacos” a los ladrones). Dante describe una metamorfosis cruel entre las almas de humano a serpiente y viceversa.
  • Octava Malabolsa: Consejeros fraudulentos – Castigados a estar envueltos en llamas. Entre ellos se encuentran Ulises y Diomedes por la invensión del Caballo de Troya (increíble como los grandes héroes reciben su castigo, ya que no dejan de ser asesinos para uno de los bandos).
  • Novena Malabolsa: Cizañeros – Aquellos que sembraron discordia en el mundo terrenal aquí son castigados a ser partidos sus cuerpos por los demonios. Resulta interesante que Dante colocase en esta bolsa al profeta Mahoma y más aún por el motivo. El poeta no considera que haya insultado a Dios o que venda algo falso (pues estaría con simoníacos o violentos contra Dios), tampoco que sea un pagano o niegue el alma (estaría con los herejes). Acepta que ha cometido un crimen, de otra forma, estaría en el Limbo junto a Saladino. Lo castiga por haber sembrado la discordia y producir la separación, no por sus creencias.
  • Décima Malabolsa: Falsificadores – Hay de cuatro tipos: alquimistas, falsificadores, perjuros e imitadores; y todos ellos están enfermos.

 

Ahora nos encontramos con algo llamativo y es que el infierno era ardiente pero cuando en la última Malebolge hay una brisa que perturba al poeta, no es hasta llegar al último círculo que se ve lo realmente sorprendente: el corazón del Infierno está congelado. Dante fue el primero en imaginar un inframundo de hielo.

Caminamos sobre el último río, el Cocito que está completamente congelado y sobre el que se encuentran los distintos recintos. Estos no están separados comos los anteriores, se distingue el avance por el sufrimiento de los condenados.

  • Primer recinto – La Caína: los traidores a la familia. Bautizada por Caín quien mató a Abel. Aquí, entre los ilustres, tenemos a Mordred, asesino a Arturo Pendragón.
  • Segundo recinto – La Antenora: los traidores a la patria. En esta sala nos sorprendemos ya que vemos al poeta perder el control de sí mismo y golpear a una de las almas que se niega a decir su nombre. No obstante, luego resulta que es Bocca degli Abati, de bando contrario y quien traicionó a Florencia (en pocas palabras). Bocca, traicionado por otro espíritu que delata su nombre, comienza a nombrar a otros condenados sin ninguna clase de reparo.
  • Tercer recinto – La Tolomea: los traidores a los huéspedes. ¡Este recinto es fascinante! Las leyes de la hospitalidad son sagradas y el poeta lo deja grabado en el hecho que su hueco esté casi en lo más profundo del infierno y en su castigo. Las almas de aquellos que han traicionado a los huéspedes están vivas. Una vez se ha cometido esta atrocidad, el alma es enviada de forma inmediata al tercer recinto, sin esperar a la muerte como en el resto del infierno. El cuerpo no queda vacío, es ocupado por un demonio y a la hora señalada será enterrado. Tan ruín es el crimen que el alma es de igual vileza que un demonio.
  • Cuarto recinto – La Judesca: los traidores al hacedor. Aquí tenemos lo peor de cada casa: Bruto y Casio como traidores de César, Judas (quien da nombre al recinto) como traidor de Jesucristo y por supuesto, Lucifer, Dite, como traidor de Dios. Quien como dice Dante «Si es que tan bello fue como hoy deforme y contra su hacedor hizo guerrilla, que de él se engendre el mal es bien conforme.» Criatura terrible a la que ni el poeta ni su guía se atreven a acercarse, con tres pares de alas que provocan ese viento, tres pares de ojos que lloran sangre y tres rostros con sus bocas respectivas que devoran a los antes mencionados. El que peor sufre es Judas pues su cabeza está dentro de la boca mientras que los otros dos tienen las piernas dentro.

Apoyándose en Virgilio, se acercan al epicentro del Infierno (muy cercano a Lucifer) y aprovechan un batir de alas para escalar. Entonces es cuando la gravedad del mundo se invierten y salen. Arriba es abajo, abajo es arriba, por fin están fuera. Una larga travesía llena de angustia, desmayos, sufrimientos y lágrimas.

«Tomamos el camino ese encubierto

para poder volver al luminoso mundo,

y, sin darnos reposo, al descubierto

subimos, él primero y yo segundo,

para admirar, por fin, las cosas bellas

del cielo, y desde aquel hueco profundo

salimos a dar vista a las estrellas.»

Canto XXXIV

Consideramos que es una obra impresionante y que realmente nos dejamos mucho en el tintero pero que lo más importante que se puede decir es que sin lugar a dudas, Dante consiguió aquello que ansiaba y que prometía a las almas del inframundo: la inmortalidad. Su nombre quedó grabado en la memoria, en la historia y para la eternidad.

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