Fondo de la bañera
Fondo de la bañera

Fondo de la bañera

Hay cosas que no cambian. Nos esforzamos en creer que las constantes no existen, que nuestra vida puede dar un vuelco. Un giro de tortita al aire. Un puto quiebro de mosquito. Una elipsis, sentida y palpitada, en mitad de una medianoche tranquila.

Tanteamos el terreno pisando de puntillas. Creemos en misterios. En estampas. En putas oraciones derretidas del color de la jodida cereza que probamos con la lengua convencidos de que es sirope y no puta cera ardiendo.

Nos engañamos.

Creemos que ella cambiará.

Que yo cambiaré.

Que la vida no es una continua mentira que le repites a los extraños, metiendo la lengua entre los dientes y apretando para evitar que la verdad se deslice en forma de troll y baile en pelotas sobre una mesa. Negro, enorme y peludo, llamando la atención del resto.

Y sin embargo, siempre acabas en el mismo sitio. La bañera. El agua caliente. Piensas en soluciones, en castigos, en cosas que te harían sentir mejor. Quizás si ayuno me siento de nuevo mejor. Quizás si pierdo peso, me encuentro de golpe en los 52, joder qué alegría, tengo el puto cuerpo de una modelo…

y me empiezo a encontrar mejor.

Los primeros días no. Joder, no nos mintamos. Sentiré náuseas, críticas, gritos. Todo el puto mundo metiéndose en tus putos asuntos mientras tú te preguntas una y otra y otra y otra maldita puta vez por qué cojones insisten en que estás enferma.

En que te pasas con las dietas.

Ellos sí que necesitan dieta.

Porque veréis, existe una enorme mentira en esta sociedad. Una chorrada, ridícula y repetida por esos cabezas de chorlito con el cerebro vacío como la puta gomaespuma que entra en bucle, de nuevo al comienzo, como una constante:

“ Tienes que quererte a ti misma como eres”.

¡No le hagas caso al resto! Oh, no. Ellos no saben lo maravillosa que realmente eres.

Que-realmente-eres. Realmente. Es un adverbio que quiere decir: tengo que sumergirme en jodidos litros de grasa hasta encontrar algo bueno en ti. Hay que navegar, hacer un esfuerzo consciente. Tomar aire y zozobrar,  una y otra vez, en busca de las cualidades que compensen que ese puto jersey gris ceñido, te marca los michelines.

Qué lástima. La mayor parte de la gente ni siquiera quiere hacer un esfuerzo de tal calibre. La mayor parte de la gente es vaga, perezosa e inútil. Usan su energía en discutir en Twitter y hablar sobre realities show que nadie ve pero que siguen siendo prime time.

Hipócritas.

Ridículos payasos de Mr. Wonderful y otra mierda positivista como “eres, en el fondo, muy maravillosa”.

Y eso me hace plantearme… ¿qué es en el fondo? ¿qué grado de compromiso expresa ese realmente? Porque veamos… realmente, ellos no me conocen. REALMENTE no saben que en realidad devoro comida china aunque sé que al día siguiente pesaré un kilo más porque no tengo autocontrol. Realmente no saben que intenté matarme, una, otra y otra vez y no queda una pequeña pista de que realmente, estoy como una regadera.

Realmente no saben que la mitad del tiempo soy un insecto fungiforme y pusilánime, al que tienen que arrastrar fuera de su agujero.

Realmente no entienden que tengo esa inútil y a todas luces estúpida, ESTÚPIDA manía de contarle a alguien por un chat, como quien no quiere la cosa, que no estoy lo que se dice… muy Mr. Wonderful hoy.

Entonces me encantaría coger a esa gente que dice que “realmente” me conocen, que no debería importarme lo que piensen y decirle: oye, tienes razón. A ti no te importa. Te admiro mucho. Y eso que eres más tonta que un subnormal, más cerda que una puta barata y más plana que unos jodidos calcetines del primark. Y fíjate. Ahí que vas, alegre y todo. La vida no te sonríe una mierda, eres una fracasada y no te importa.

Oh, perdona. ¿Te he hecho llorar? Lo siento. Es que REALMENTE, no te conozco tan bien.

Y que le jodan.

Pero en realidad acabas sonriendo y dándole las gracias. Y luchando contigo misma para no contarle que te sientes culpable de lo que has comido. Que odias contarle a la gente tus penurias. Que eres un puto despojo que piensa continuamente en cortarse, bajo el agua, teñirlo todo de rojo y desaparecer.

Rojo del color de la mermelada de fresa que comiste esa mañana.

Rojos como tus ojos después de llorar durante horas porque no lo pensaste dos veces antes de comerte esa porción de pizza.

Y piensas “todo había mejorado”. Había vuelto a comprar galletas. Había vuelto a integrarme con mis amigos. Había vuelto a parecer normal.

Pero en el fondo, sabes que te engañas. Que siempre te has engañado. Sabías que no podrías. Eres débil, patética y aún encima gorda.

Y te vuelves a encontrar, una vez más, en el fondo de la bañera, con el cuchillo en la mano.

 

Perturbadora y estupenda ilustración por Rigo.arte 🙂
¡Seguid sus maravillosos avances aquí! 

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  1. Me gusta mucho el relato, se disfruta de la tensión en todo momento, como ésta va en aumento y es llevada de tal forma que, aunque ignoras qué es lo que está sucediendo, el relato está bien estructurado para que poco a poco se rellenen la falta de información y acabe la historia con la necesidad de leer más. La angustia y la claustrofobia están muy bien plasmada. ¡Buenísimo!

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