Esperaré siempre tu regreso, reseña
Esperaré siempre tu regreso, reseña

Esperaré siempre tu regreso, reseña

Año de publicación: 2016
Número de páginas: 200
7

Esperaré siempre tu regreso es la primera parte de la colección Memoria Gráfica de Desfiladero Ediciones. A través de 200 páginas a todo color nos introduce en la vida de Paco Aura, un exiliado de Espada que por diferentes y desafortunados sucesos, acaba en el campo de concentración de Mauthausen.

Argumento de Esperaré siempre tu regreso

Esperaré siempre tu regreso es una historia real sobre uno de los 7000 soldados españoles que fueron internados en el campo de concentración de Mauthausen-Gusen por parte de los nazis de Alemania.

Paco Aura es un joven republicano de 17 años que no sabe dónde se mete cuando se alista en la guerra. Herido tres veces en combate, se ve forzado a huir al exilio a Francia, donde pasa varios meses hasta que le dan la opción de unirse al ejército francés en la lucha contra el avance alemán. Allí, tras varios sucesos terribles y desafortunados, acaba preso en un campo de concentración alemán donde vivirá, durante cuatro años, los más terribles horrores del exterminio y el uso de mano de obra esclava por parte de los nazis.

Sobre Jordi Peidró, autor de Esperaré siempre tu regreso

Jordi Peidró, alcoyano, es un dibujante y guionista con una gran experiencia a su espalda. Su primera obra es de 1988 y se titula El tebeo Taurino. En 1992 publicó Melchor Mombo; en 2010 San Francisco de Borja; en 2015 Xiluit (el cual se compone de 28 números);  y en 2016 la primera entrega de la Colección Memoria Gráfica de Desfiladero Ediciones (además de El misterio del mundo solidario). 

La idea de Esperaré siempre tu regreso  le llegó un día cualquiera mientras escuchaba la radio. De pronto oyó el testimonio de un hombre llamado Paco Aura que vivió los horrores de un campo de concentración nazi y que todavía vivía, por lo que se decidió a contar su historia en forma de novela gráfica, buscando llegar a un nuevo público que todavía no conociese la historia. De esta forma, decidió contactar con él para crear la obra.

Cómo se dibujó Esperaré siempre tu regreso

En un primer momento Paco Aura se sentía muy reticente a que su historia se contase en forma de cómic. En su cabeza todavía quedaban los vestigios de los tebeos de los 40 en los que caricaturizaban todas las situaciones que se vivían y temía que su paso por Mauthausen se banalizase. Sin embargo, pronto, en cuanto vio los primeros bocetos de Jordi Peidró, la idea le entusiasmó.

Pensé –continúa el dibujante- que, siguiendo el juramento que los supervivientes del campo hicieron cuando fueron liberados, esta historia debía conocerse para evitar que volviese a suceder. El tebeo es un medio fantástico para llegar a otro tipo de público que no es solo el estudioso y hacia ahí enfoque mi trabajo. Evidentemente, y aunque narre la historia de Paco Aura, de soslayo queda evidenciado que hablo de los republicanos españoles en general y, por extrapolación, de todas las personas a las que la guerra obliga a exiliarse

Jordi Peidró

Al principio Esperaré siempre tu regreso iba a llamarse 4208 de Mauthausen, haciendo referencia al número de preso de Paco Aura, pero conforme Jordi iba dibujando no dejaba de sonar en su cabeza la canción J’attendrai de Rina Ketty. En Mauthausen, los SS obligaban a la orquesta de campo a tocar esa canción cuando torturaban y ejecutaban a algún preso. Poco a poco, la letra fue entrando en la cabeza de Jordi hasta que este decidió cambiarle el título por una de las frases finales, creando una referencia macabra al futuro oscuro que vaticina la novela.

Análisis de Esperaré siempre tu regreso

Es fácil pasar por alto lo que ocurrió en el Holocausto. Decían los grandes filósofos griegos que aquellos que olvidan la historia están condenados a repetirlas pero hemos recibido tantísimas películas sobre la 2ª Guerra Mundial, tantísimas historias y cómics, libros y relatos, que simplemente hemos mitificado la terrible barbarie sistemática y desgarradora que cometieron los alemanes contra inocentes de todas las partes de Europa.

Pero como le ocurría a los judíos, como le ocurría a otra gente (polacos, yugoslavos, extranjeros, al fin y al cabo), lo sentimos lejano a nosotros. Como decía Margaret Atwood en El cuento de la criadalas noticias de los periódicos nos parecían sueños o pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero sin ser verosímil. Sonaban excesivamente melodramáticas, tenían una dimensión que no es la de nuestras vidas.” Sin embargo, muchos ignoran que entre esos millones de cadáveres había muchos españoles: paisanos como tú o como yo que simplemente, desplazados por la guerra, acabaron en las manos de los alemanes y fueron deshumanizados, desgarrados de su esencia y su alma, convertidos en mano de obra esclava.

A través de un dibujo simple pero directo, Jordi Peidró nos cuenta la historia real de Paco Aura, un superviviente del campo de Mauthausen-Gusen en la II Guerra Mundial. El color oscila entre los naranjas sucios que recuerdan al óxido y a las quemaduras de los hornos hasta el azul frío del invierno centroeuropeo. Su dibujo no es ninguna maravilla, tampoco hace falta. La historia y el guión que nos cuenta a través de diversos capítulos, intercalados con recortes de periódicos fictios, es más que suficiente. La fuerza de su narración es tan potente y está tan bien llevada, que logra que temblemos golpe a golpe en el potro mientras un oficial de las SS o un Kappo nos hace contar hasta veinticinco en alemán. Y es que Esperaré Siempre tu Regreso consigue algo que falla en muchos cómics: sin caer en lo soez ni en lo vulgar, sin mostrarnos planos detalle de las barbaridades ni ahondar en las desgracias de Mauthausen-Gusen, consigue transmitirnos el horror del campo. 

Podemos oír a los perros, oímos los pasos, oímos los golpes, y por un momento nos convertimos también en Paco Aura y revivimos los horrores de la guerra y del campo de prisioneros con todo detalle. Paco no tiene un diseño específico realmente diferente al del resto de personas que le rodean: si lo pusieran en un plano general, rodeado de otros hombres, no podríamos diferenciarlo. Pero esto que en un primer momento puede parecer un fallo en el diseño responde a un propósito mucho más especial y elevado: demostrarnos que Paco Aura podría ser cualquiera, podrías ser tú, podría ser yo, puede ser cualquier hombre atrapado por los horrores de la guerra. 

Pero ¿era necesario retomar el tema del holocausto nazi? Sí, lo es. Tal y como declaró Primo Leví, superviviente del Holocausto:

“No es lícito olvidar, no es lícito callar. Si nosotros callamos, ¿Quién hablará?”

En un momento en el que el discurso de odio es tan frecuente, este tipo de obras son cada vez más necesarias y Desfiladero Ediciones lo sabe muy bien. El cómic cuenta con 200 páginas a color, en una maquetación rústica con solapas de una calidad simplemente intachable. Las hojas son de un alto gramaje en papel satinado que contribuyen a darle peso a la histporia. Con esta intención, Desfiladero Ediciones inicia una nueva colección llamada Memoria Gráfica que inaugura con Esperaré siempre tu regreso. 

La obra, que ya va por una segunda edición, se agotó al poco tiempo de estrenarse.

Nuestra opinión sobre Esperaré siempre tu regreso

He de confesar que tuve que leer la obra tres veces: una me pareció superficial, dos no era suficiente: sentía que me quedaban muchos más detalles en los que podía fijarme. Y es que 200 páginas se quedan escasas para todo lo que tiene que contarnos Paco sobre su vida: el hambre, el frío, las enfermedades… cómo sobrevivió, año tras año, simplemente por pura suerte y obstinación, por agachar la cabeza a tiempo.

Jordi es capaz de transmitirnos todos estos sucesos, que sin duda escuchó de primera mano por Paco, con la frialdad con la que un alemán ejecuta a un ladrón polaco: sin acritud, sin odio, con una objetividad fría y aplastante que a veces nos descoloca un momento, pero que aporta a la colección un magnífico aire documental que sin duda se merece. Hay muchas escenas que sin duda conocemos y nos son familiares como la llegada al campo de concentración en los vagones en los que transportaban a los prisioneros durante 3 días, de pie, sin permitirles moverse y defecando sobre el propio sitio.

Jordi declaró en una entrevista que esa fue la imagen que más le había impactado. Para Paco, su principal recuerdo es el hambre. Sin embargo, no fueron esas imágenes las que lograron transmitirme el cómic: no vi los vagones demasiado llenos ni el hambre muy presente. Para mí en específico, fue la escena de las pieles de patata y el conejo lo que me causaron más impacto: cómo un oficial de las SS, ridículo con su apodo burlesco como “El Cabra”, destrozó a palos a ese hombre antes de mandarlo a la muerte. Y en mi casa, sola, metida en la bañera con el agua hasta la nariz, escuchaba los gritos.

VIERZEHN

Y temblaba aunque el agua estuviese tan caliente que me quemase la piel.

También me impresionó personalmente el testimonio de Paco sobre el trato de los judíos en Mauthausen-Gusen: después de mostrarnos los horrores del campo, el dolor del hambre y las largas jornadas de trabajo incansable en las que prácticamente nadie podría sobrevivir, pasa a detallarnos que los judíos lo tenían mucho peor, que los alemanes los trataban con el triple de dureza. Y te hace plantearte: ¿cuánto es capaz de aguantar un cuerpo humano? ¿cuánto horror puede uno aguantar sin perder la cabeza?

Esta novela gráfica pone el dedo sobre la llaga sobre el discurso del odio, el crecimiento del racismo en Europa y el problema de los refugiados, recordándonos que nosotros también fuimos refugiados, que huimos a la frontera y nos trataron como perros, que acabamos al otro lado de unas murallas, trabajando como esclavos, con una “S” estampada en el pecho.

 

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