El señor Ibrahim y las flores del Corán, análisis
El señor Ibrahim y las flores del Corán, análisis

El señor Ibrahim y las flores del Corán, análisis

Año de publicación: 2001
Número de páginas: 95
Editorial: Booket
8

Momo es un niño de trece años que frecuenta a las prostitutas del barrio y vive con un padre ausente que está sumido en una depresión. El pequeño vencerá esta terrible soledad y falta de cariño de manos de la persona más inesperada: el tendero árabe del barrio, el señor Ibrahim. A raíz de los pequeños hurtos de Momo en la tienda del anciano, se fragua una fuerte amistad entre ambos.

El señor Ibrahim y las flores del Corán es la novela más conocida de Eric-Emmanuel Schmitt. El escritor construye una historia emotiva y profunda en un escrito de extensión bastante corta (menos de 100 páginas). Todo un referente de la novela contemporánea francesa. El libro tiene, además, adaptación al cine: El señor Ibrahim y las flores del Corán (2003).

Sinopsis El señor Ibrahim y las flores del Corán

Moisés, o Momo, es un niño de tan sólo 13 años que lo primero que hace al ahorrar 200 francos es romper su hucha. El pequeño no lo duda y se acerca a visitar a las prostitutas de la Calle Paraíso. A pesar de ser, a todas luces, menor de edad, el muchacho pierde la virginidad con una de las chicas y desde entonces acude con regularidad a la Calle. Momo lleva una doble vida: por un lado está su rutina en su casa, donde vive junto a un padre ausente; y por otro lado tenemos al Momo de la calle, que se relaciona con las prostitutas y que roba al tendero del barrio.

El padre de Momo es un abogado que vive por y para su trabajo. La madre de Momo abandonó el hogar cuando éste era todavía muy pequeño, pero su padre no ha logrado superar este mal trago. El protagonista se siente inseguro ante la figura de su hermano Popol, al que su padre recuerda todos los días y con el que lo compara constantemente. Víctima de esta comparativa recurrente, de la que nunca sale bien parado, Momo se afana en vivir una doble vida fuera de su casa. Una vez en la calle, Momo se convierte en una persona diferente, muy distinto del callado e inseguro niño que se reúne a cenar con su padre.

Casi de casualidad, Momo comienza una relación de amistad con el único tendero árabe del barrio judío en el que vive el muchacho. Este hombre de avanzada edad será el ejemplo que Momo necesitaba para calmar su enfado y para sentirse, por fin, querido de verdad por alguien. Ambos establecen un lazo profundo que va más allá de la amistad, para convertirse en una relación más propia de un padre y un hijo.

Sobre Eric-Emmanuel Schmitt, autor El señor Ibrahim y las flores del Corán

Eric-Emmanuel Schmitt es un escritor franco-belga, nacido en Francia en el año 1960. Siendo bien pequeño, la madre de Schmitt lo llevó al teatro a ver la representación de la obra Cyrano de Bergerac. El niño, presa de un ataque propio del síndrome de Stendhal, rompió a llorar al terminar la función. Smichtt tuvo clara cuál era su pasión y su vocación desde ese preciso momento.

Después de un viaje al Sáhara, el escritor tuvo una experiencia casi mística en la que logró desprenderse de todos los miedos que frenaban su carrera artística. Como dramaturgo, Schmitt triunfó bien pronto. Sus obras teatrales de la década de los ’90 gozaron de mucho éxito. Además, el autor también está presente en otras ramas del arte y abarca otros géneros literarios.

Como apasionado de la música, el autor de El señor Ibrahim y las flores del Corán ha traducido varias óperas al francés. También ha hecho su incursión en el mundo del cine, como con Odette Toulemonde (2006), de la que fue director y guionista.

Análisis de El señor Ibrahim y las flores del Corán

Estamos ante una novela corta. Esto es un detalle positivo para muchos lectores que apenas encuentran tiempo para dedicarle a la lectura. Y también para aquellos a los que les apasionan las historias breves y dinámicas. Lo que está claro es que con este formato uno no puede aburrirse. La lectura de El señor Ibrahim y las flores del Corán nos ha ocupado un total de 50 minutos, con lo que no hay excusas para aprovechar esta joya.

El libro está escrito en primera persona, desde el punto de vista de Momo, un niño de 13 años. Esta perspectiva tiñe de sencillez e incluso de ingenuidad todo lo que sucede en la historia. Es a través de los ojos y de la mente de Momo que somos testigos de su día a día.

Nos sorprende el estilo de vida que lleva Momo. Empatizamos con el muchacho en el momento en que conocemos su situación familiar. El desapego es lo que convierte al protagonista en lo que es, con sus defectos y virtudes. Su mayor preocupación es ser querido y encontrar un afecto que supla sus carencias familiares. Momo es cliente habitual de las prostitutas de la Calle y roba asíduamente en la tienda del tendero árabe del barrio: el señor Ibrahim.

El señor Ibrahim es el prototipo de hombre sabio. Dotado de una sabiduría que sólo dan los años y la templanza de un carácter tranquilo. El anciano demuestra una enorme paciencia y delicadeza hacia Momo. Desde un principio parece como si el señor Ibrahim conociera la situación en la que se encuentra Momo. A pesar de que el muchacho lo tima varias veces, el hombre no se exalta. Lejos de ello, los dos comienzan una relación de amistad que se hará más y más fuerte con el tiempo.

-¿Por qué no sonríes nunca, Momo? – me preguntó el señor Ibrahim.
Aquella pregunta fue como un auténtico puñetazo, un golpe bajo; me pilló desprevenido.
-Sonreír es cosa de ricos, señor Ibrahim. Yo no tengo medios.
Precisamente, para joder, él se puso a sonreír.
-Así que ¿tú crees que yo soy rico?

La dinámica entre los dos personajes principales atrapa desde el momento en que se establece una amistad. Sabemos, a través de las frases del señor Ibrahim, que el anciano conoce a Moisés mejor de lo que el muchacho cree. Queda patente que el tendero sabe en todo momento por lo que está pasando el joven, como le desvela llegado el momento, hablando del padre de Momo.

Las enseñanzas del señor Ibrahim consiguen hacer reflexionar a Moisés, y al lector también. Son muchas las perlas de sabiduría oriental que quedan patentes en las palabras del anciano. El niño al fin encuentra un referente, alguien en quien apoyarse y en quien confiar. Alguien que sólo le aporta cosas positivas y cariño.

No se me pasaba por la cabeza admitir que había sido abandonado. Y abandonado dos veces: la primera vez nada más nacer, por mi madre; la segunda en la adolescencia, por mi padre. Si aquello se sabía, ya nunca nadie me daría una oportunidad. ¿Qué había en mí que era tan terrible? ¿Qué demonios pasaba conmigo que convertía el amor en algo imposible?

A medida que las incertidumbres sobre la vida de Momo se van disipando, nos encontramos con una imagen más nítida del muchacho. Momo es un niño que ha aprendido a desconfiar, a mentir y a sacarse las castañas del fuego sólo. Siente que nunca podrá llegar a quererlo nadie, que hay algo mal en él, en su interior, que todo el mundo lo abandona. Sus relaciones con las prostitutas -a una de las cuales le regala un peluche después de perder su virginidad con ella-, denotan la soledad a la que el pequeño se ve expuesto.

Nuestra opinión de El señor Ibrahim y las flores del Corán (¡contiene spoilers!)

Hacía ya un tiempo que queríamos leer El señor Ibrahim y las flores del Corán. Conocíamos únicamente la película, pero en el momento que supimos que estaba basada en una novela la anotamos en nuestra lista de pendientes. Tenemos que decir que todavía no hemos visto la adaptación cinematográfica, queríamos leer antes el libro.

Lo primero que nos llamó la atención fue el título del libro. Ya sólo con eso, nos hacemos la idea de que hay un personaje árabe en la trama. A este título sugerente se le sumó la relación de amistad entre un niño judío y un hombre árabe. La sinopsis prometía ofrecernos una historia de tolerancia y respeto de la que queríamos saber mucho más.

La historia tomó forma por primera vez gracias a un monólogo del autor que data del año 1999. Este texto fue pensado para una representación teatral, que luego evolucionaría en la novela corta que se publicó en el año 2001.

El libro de El señor Ibrahim y las flores del Corán también cuenta, como ya hemos comentado, con una adaptación cinematográfica. La historia de Momo y del señor Ibrahim fue llevada a la gran pantalla en el año 2003, con el reconocido actor Omar Sharif en el papel del tendero árabe.

La narración está cargada de mucho lirismo, especialmente en los diálogos. Son éstos una parte fundamental de la trama. Toda la sabiduría que el anciano quiere transmitir a Momo, y que -por otra parte- lo ayuda a crecer, queda patente en sus frases. Con doble intención, ocultando que sabe más información de la que aparenta o de forma más directa, el tendero árabe desprende un aura de inteligencia y de afecto por el muchacho.

Muy interesante nos ha parecido el personaje ficticio de Popol. Un hermano de Momo que en realidad no existe. Es la supuesta representación de todo lo que Momo debería ser, el hermano que se marchó con la madre y al que su padre no deja de nombrar. Las múltiples comparaciones que su progenitor hace de ambos hermanos mortifican al pequeño Momo. Cuando sabemos que Popol es fruto de la imaginación del padre de Moisés, nos damos cuenta de hasta dónde alcanzaba la insatisfacción del abogado, así como del ridículo sentimiento de inferioridad que ha creado en Momo.

Quizás encontramos que el final del libro es algo acelerado. En cuestión de ritmo, sentimos que el autor consigue incluso recrearse en algunos detalles al principio de la historia. Aunque al final del libro no renuncia a las descripciones, sí que sentimos que las acciones de la trama se suceden con más rapidez. Incluso por el propio devenir de los acontecimientos comenzamos a intuir que algo malo va a suceder mucho antes de que ocurra.

Es cierto que el final no sorprende. No se trata de una historia innovadora que renueva el mundo de las letras, no. Sin embargo, hay algo especial en su forma de presentarse, humilde y desprovista de florituras, que cala hondo. La historia de El señor Ibrahim y las flores del Corán es, sin duda, sencilla. No hay grandes pretensiones en esta novela, lo que la convierte en una historia sincera. Los diálogos son especialmente interesantes. A través de ellos conocemos mejor al personaje del señor Ibrahim. Es precisamente el tendero árabe el personaje que más nos ha gustado, como es lógico. El señor Ibrahim es un hombre que encarna todas las virtudes de la madurez. Tiene una sabiduría especial y una paciencia que lo convierten en el perfecto padre que Momo nunca ha tenido.

Desde un principio es fácil saber lo que va a pasar con Momo, con el señor Ibrahim o incluso con el propio padre de Momo. Sin embargo, el factor sorpresa de la novela recae en las frases del tendero. Las conversaciones aportan pequeñas píldoras de sabiduría que hacen reflexionar al lector y lo enganchan todavía más a la trama.

La edición es perfecta. Tapa blanda muy cómoda, que no pierde calidad con la lectura. Las hojas son de un papel bastante grueso y la tipografía es quizás un poco grande. La historia es corta de leer, la trama es dinámica y muy emotiva. Perfecta para aquellos que quieran disfrutar de un libro corto que no se quede en agua de borrajas.

Conclusión sobre El señor Ibrahim y las flores del Corán

Estamos ante una novela que tiene muchos puntos a su favor. Es una historia corta, por lo que su lectura no exige mucho tiempo o dedicación y no hay excusa para darle una oportunidad. Además, a pesar de tratarse de una historia bastante corta, el escritor consigue profundizar en la trama. Los personajes están bien construidos y la trama emociona.

Valoramos especialmente este detalle, que Schmitt no necesita estirar la historia para que funcione y conmueva. Como sucede en el inicio de la película Up, cuando una narración está bien planteada el tiempo no es un hándicap. Conseguimos empatizar con todos los personajes del libro: desde Momo hasta el señor Ibrahim, pasando por el padre del pequeño. Todos los personajes tienen profundidad y son creíbles.

Los diálogos también son uno de los puntos fuertes de la novela. Las frases son cortas, sin palabras rebuscadas, llenas de sabiduría sin pretensiones. Pura filosofía de vida, sencilla y directa. Conversaciones que dan que pensar al lector, cargadas solo de humildad y cariño. Un lujo para cualquier lector que se precie, un título indispensable para tener en la biblioteca. Cero dramas innecesarios, en esta novela se afrontan los problemas con optimismo y con buenos sentimientos.

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