El amante de Marguerite Duras, crítica
El amante de Marguerite Duras, crítica

El amante de Marguerite Duras, crítica

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El amante es la obra autobiográfica de Marguerite Duras que revisita su relación con su familia tóxica y podrida y el despertar sexual de su cuerpo ante un hombre de negocios mayor chino.

Si he de confesar, los vídeos se me han hecho un poco cuesta arriba en las últimas semanas. Y precisamente por eso, varios títulos (Ready Player One, La Sangre de los Elfos o Un Millón de Gotas) esperan pacientes su turno para que pueda dedicarles un par de horas de grabación, edición y montaje. Pero no quería dejar de leer. Por eso escogí “El amante, de Marguerite Duras”. Una obra de apenas 170 páginas que trata acerca de, en tintes generales, la primera experiencia sexual de Marguerite Duras. 

El contexto de la obra

Durante los años 50 la narrativa sufre una profunda transformación, un proceso de renovación completa. Aparecen obras nuevas que no guardan el estilo, minoritarias y marginales en las que se centran en lo que quieren contar sin preocuparse por las formas estilísticas que tenía el género hasta el momento. Los grandes autores de esta corriente (Alain Robbe, Michel Butor, Nathalie Sarraute o la propia Marguerite Duras) buscaban continuamente la renovación de los personajes y el rechazo al concepto tradicional del argumento. En sus obras, son conscientes del poder que tienen las palabras.

Dejan de representar la realidad como un cuadro o una fotografía y se centran en las realidades personales de los autores y los personajes y en cómo realmente las sensaciones, los recuerdos o lo vivido pueden desdibujar el horizonte narrativo para aportarnos algo nuevo y rompedor. Este es el caso de “El amante” de Marguerite Duras, una obra en la que la realidad de un hogar en la Indochina queda desdibujada por las vivencias de la protagonista.

La autora

Quizás el primer error que comete la crítica al analizar “El amante” es centrarse demasiado en el carácter autobiográfico que guarda en relación con la autora. Marguerite Duras (Marguerite Germaine Marie Donnadieu), nacida en Vietnam, fue una novelista, guionista y directora de cine francesa de gran renombre que vivió entre 1914 y 1996. Su vida fue como sus novelas: desordenadas y llenas de acción. En la Segunda Guerra Mundial luchó contra los nazis en la Resistencia Francesa. Su grupo cayó presa de una emboscada y consiguió escapar gracias a la ayuda de François Miterrand (el presidente que más años ha ejercido dentro de la República francesa).

Se alistó en el Partido Comunista después de divorciarse y fue expulsada del mismo. Trabajó como directora de cine y novelista la mayor parte de su vida hasta su muerte en 1996 debido a un cáncer de esófago.

Todas sus obras están marcadas por un fuerte toque autobiográfico. Tanto su infancia como su paso por Indochina aparecen en la mayor parte de sus títulos, como Le ravissement de Lol V. Stein, 1964; Le Vice-cónsul, 1966 o  L’Amante Anglaise, 1967. El amante se publicó en 1984 y rápidamente obtuvo un premio Goncourt. Se dice que es una de sus obras con un carácter autobiográfico más fuerte de toda su bibliografía.  Su forma de escribir es muy similar a su personalidad: errática, pasional, a veces dura y desenfadada y otras capaz de amar hasta el último suspiro. Mujer de fuertes convicciones políticas, nos dejó con una larga lista de obras para poder leer. Y nosotros, precisamente, tomamos la más popular de todas para poder hacerlo.

Argumento de “El Amante”  (no spoilers)

 

El amante no tiene la necesidad de presentarnos a la protagonista con nombres y apellidos. Sabemos que estamos dentro de la vida de Marguerite Duras porque ella misma nos lo dice en un primer momento. A través de sus recuerdos, revisitaremos la relación de una niña que no sabe cómo comportarse en una familia podrida. Su padre ha muerto por una enfermedad. Su madre sufre depresión y la mitad del tiempo ni siquiera está dentro de este mundo. Sus dos hermanos, enemigos declarados, se hacen la vida imposible el uno al otro. El mayor encarna el mal. El pequeño morirá de una neumonía.

“A los 18 años envejecí. No sé si a todo el mundo le ocurre lo mismo…ese envejecimiento fue brutal”

De pronto, esta chiquilla que sabemos que no es otra más que Marguerite, conoce a un hombre rico. Este hombre es chino, va a buscarla en una limusina negra y la lleva a su apartamento, donde ella conoce por primera vez el camino del placer y de la pasión y se abandona con una fría y terrible calma, a la destrucción de su vida y de su familia.

El padre seguiría viviendo. Su última esperanza se desvanecía. Se lo había peedido. Le había suplicado que le dejara retenerme con él contra su cuerpo, le había dicho que debía comprenderle, que también él debía haber vivido al menos una pasión como esa en el transcurso de su larga vida, que era imposible que hubiera sido de otro modo, le había rogado que le permitiera vivir, a su vez, una vez, una pasión semejante, (…) El padre le había repetido que prefería verlo muerto

La novela trata temas como el racismo, el amor, el erotismo o la familia. 

Nuestra crítica (contiene spoilers)

Me apasiona la literatura rompedora. De verdad que lo hace. Soy una amante de los saltos de párrafo, los recursos estilísticos dados la vuelta y el romper con las reglas de estilo. Pero “El Amante” es simplemente una novela rota y descolocada a trozos. Da la sensación de ser un collage o un puzzle mal hecho. Los saltos temporales sin sentido y en párrafos tan breves hace que muchas veces pierdas el hilo de lo que te están contando. Salta al futuro y al pasado con tal ligereza que no te acaba de quedar claro cómo murió el padre o si la madre acabó sus días en Francia o en otra parte.

No puedes empatizar con unos personajes tan desordenados que carecen de coherencia en sus acciones. El hermano pequeño aparece sometido continuamente por el hermano mayor, y sin embargo en varias ocasiones comentan lo malvado que era este también (cuando aparece más bien como el único que se compadece de la paliza que la madre le da la hija). No entiendes nunca si realmente Marguerite amaba a su madre o no, y su forma arbitraria que roza lo cruel a la hora de tratar al hombre chino (la única persona que realmente la trata bien y jura estar enamorado de ella).

A menudo la escritora se olvida de que no está escribiendo un diario personal o una carta para alguien que conozca perfectamente su vida. El lector permanece a un lado, confundido por esos saltos temporales sin saber muy bien dónde establecerse.

Su cinismo acaba provocando que odies a la protagonista. Especialmente porque a pesar de sus propiedades o de la enorme cantidad de casas que parece que su madre va comprando a lo largo de la breve e insufrible novela, Marguerite no deja de insistir en lo pobre que es. Él es mayor, pero la lleva a cenar a los restaurantes más caros y aguanta el hecho de que la familia de la niña lo trate con desprecio simplemente por su origen chino. Acepta que ella, creyéndose arrogantemente superior, no le dirija la palabra delante de sus hermanos porque se avergüenza de él. Se ríe de sus declaraciones cuando hacen el amor, y luego devora con un apetito sexual sorprendente el cuerpo de su compañera de habitación Hélène.

La novela no es ni una maravilla para el erotismo ni consigue transportarte a ninguna parte. O al menos a mí me ocurrió de esa forma. Algo que sin embargo sí hemos de concederle a Marguerite Duras es su capacidad para evocar olores, como el del jabón de marsella cuando su madre friega la puerta, o el olor a polvo y a grasa que tiene el apartamento del chino. Pero la capacidad de sentirte interesada por la vida de los protagonistas, porque la novela te absorba y te atrape… en eso, falla irremisiblemente.

 

 

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